Diría que nunca le he tenido miedo a un personaje hasta que creé a esta mujer, que por acaparar se llevó incluso parte del título del libro La hija de la rectora.

Mi relación con Eleanor Morley

Cuando planteé la trama de esta historia, Eleanor no estaba pensada para que tuviera el protagonismo que acabó teniendo. Solo tenía que ser una antagonista que generase conflicto en la relación de su hija Grace con Natalie Dumont, pero conforme aparecían sus escenas, los dedos se me iban y la cabeza me volaba porque empecé a matizar un carácter que me dejó atrapada, y decidí que no pasaría nada si le daba más alas.

Pero sí que pasó, porque doña Morley me destrozó el planteamiento que tenía de la trama, empezó a adueñarse de capítulos que ni siquiera tenía previstos y cada uno nuevo que escribía me invalidaba los siguientes, por lo que tuve que volver a ser más escritora de brújula que de mapa.

Gracias a ella apareció también el personaje de Julia Bernet. Esta profesora no existía en la primera biblia que hice de la historia, la creé en exclusiva para ella porque me gustaba tanto el personaje que quise darle una pequeña historia que acabó comiéndose la mitad del libro.

Recuerdo que iba más o menos pasada la media parte de la historia cuando tuve que parar y decidir qué hacía, porque las protagonistas reales eran Natalie y Grace, y Eleanor tenía más parte escrita que ellas mismas. Estuve a punto de frenarme, de pararle los pies al personaje y no dejar que creciera, de reescribir algunas partes de su historia y centrarme en Natalie y Grace, pero esa idea no pasó de ser un pensamiento más en el proceso de este libro, porque si leía lo que tenía en modo lectora, la trama de Natalie y Grace me gustaba, pero la que me tenía enganchada de forma obsesiva era la de Eleanor, así que dejé que siguiera creciendo y crucé los dedos.

La inesperada reacción de las lectoras a la historia de Eleanor y Julia

Cuando terminé el libro, pasó por todos sus procesos de corrección y estuvo listo para publicar, estaba acojonada cuando lo puse en preventa. Era muy consciente de que esa mujer se me había comido el protagonismo en un libro que no era suyo y pensaba que las lectoras se acabarían quejando de eso.

La sorpresa vino cuando no solo empecé a recibir un número mayor de mensajes que con cualquier otro libro, sino que vosotras eráis las que me pedíais una continuación para ella, y eso por no hablar de que se convirtió en el libro que más he vendido de todos los que tengo (y tengo muchos).  Al parecer, Eleanor, además de apropiarse de la historia, tuvo el detalle de demostrar que sabía más de marketing que yo.

Los mensajes pidiendo su historia con Julia no paraban de llegar —tanto de lectoras de habla hispana como de otros países— por lo que al final me decidí a darle su propio libro: Profesora Morley. Ahí vino un gran dilema y otra cosa que me ha dejado sorprendida y que es lo que me ha motivado para escribir este artículo y contarlo.

El reto de escribir una secuela para un personaje que conquistó a las lectoras

Eleanor y Julia ya estaban más o menos juntas cuando terminó La hija de la rectora, y hacer un libro solo contando cómo les iba y avanzaban me parecía aburrido, y yo si no estoy motivada con una historia no puedo escribirla. Necesitaba un conflicto y tirar de celos y de clichés estaba descartado, así que me decidí por la parte más peligrosa, empezar con ellas separadas como ya dice la sinopsis.

De nuevo, estaba convencida de que no iba a gustar, de que iba a recibir quejas por no haber escrito una trama feliz desde el principio, pero me ha vuelto a pasar como con el primero, que os ha encantado y no puedo estar más contenta. Así que, desde aquí, gracias a todas por el apoyo que recibo siempre, sin eso, escribir pierde casi todo el sentido, aunque sea lo que más me gusta hacer.