Cuando empiece el caos
Primer capítulo gratis

Cuando empiece el caos

Capítulo 1

 

30 de mayo de 2023, martes.

Nagore

—¿Qué te han dicho? —le pregunto a Abel en cuánto vuelve a nuestra oficina.

Mi mentor, profesor y amigo, ese al que desde hace años considero un padre, se masajea un brazo y se sienta en su silla con pesadez.

—Debo asistir a una reunión mañana en Madrid. Supongo que será algo rutinario, aunque saldré esta tarde sin falta —dice dejando su billete de vuelo sobre mi mesa.

—¿No te han comentado de qué se trata?

Él niega con la cabeza y yo sonrío.

—A lo mejor quieren convencerte para que no te jubiles —suelto entornando los ojos.

—Todavía faltan unos meses —sonríe—. ¿No serás tú la que no quiere que lo haga?

—Sabes que te echaré mucho de menos, pero mereces descansar y poder pasar más tiempo con tu hija por fin. Ambos lo merecéis.

—Supongo que no he de decirte que podrás consultarme siempre que quieras y que espero que vengas a vernos de forma frecuente —dice llevándose una mano al pecho.

—No lo dudes. ¿Te encuentras bien?

Ni siquiera le da tiempo a responderme cuando parece que siente una punzada de dolor en el pecho y se encoge sobre sí mismo dedicándome una mirada de auténtico pánico.

—¡Llama a enfermería! ¡Di que es un posible infarto! —le grito a mi ayudante mientras rodeo la mesa para acercarme a él.

Intento que apoye la espalda en la silla, pero otra punzada lo lanza hacia delante y como Abel es un hombre corpulento y no me veo capaz de sostenerlo, intento por todos los medios aguantar su peso mientras cae al suelo.

Cuando logro tumbarlo y colocar su cuerpo bocarriba veo con pánico que ha perdido el conocimiento. No me da tiempo a comprobar si respira porque el médico de la base militar en la que nos encontramos aparece con el enfermero y un carro de reanimación.

Siento que el corazón se me va a detener a mí también mientras los observo hacer su trabajo. Mi cuerpo tiembla de desesperación y pánico, esto no puede estar pasando, se iba a jubilar, por fin iba a volver a casa para estar cerca de su hija después de toda una vida dedicada a un trabajo que ni siquiera sé si servirá para algo.

—Ha vuelto en sí —escucho decir al médico.

Suelto todo el aire que llevo conteniendo en los pulmones todo este rato y me acerco a él, que permanece todavía en el suelo, alzando una mano hacia mí como si quisiera decirme algo. Me arrodillo y cojo su mano entre las mías mientras las lágrimas ruedan por mis mejillas con una abundancia sorprendente. Abel me habla, pero apenas le oigo, así que me inclino sobre él y acerco el oído a sus labios.

—Búscala cuando empiece el caos.

—¿Qué? —pregunto desconcertada.

—A mi niña, juntas lo lograréis…

—No entiendo nada, Abel —me quejo llorando—. ¿De qué hablas?

Me acerco más, como si así sus palabras cobrasen algún sentido para mí.

—Empezará muy pronto —balbucea—, prométeme que la buscarás —me pide apretando una de mis manos de forma débil.

—Te lo prometo, la buscaré cuando emp…

Mis palabras se cortan y la sangre se me congela cuando él me dedica una sonrisa que se convierte en la última, porque sus ojos se cierran justo cuando exhala su último aliento.

 


 

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