Una hora después estábamos caminando por el sendero que conducía al lago, aunque la primavera ya estaba avanzada todavía hacía frío, así que habíamos cogido ropa de abrigo y habíamos metido las chaquetas en la mochila por si refrescaba por la tarde. La verdad es que el lago estaba más lejos de lo que yo pensaba, o eso o caminábamos demasiado despacio, que era lo más probable.

—Me alegro de haberte hecho caso, hace un día muy agradable y el aire fresco sienta muy bien—dijo sin soltarme de la mano.

—Sí, es un día perfecto para pasear contigo…

Me dio un beso en la mejilla que recibí con más calor del habitual.

—Umm, ¿Cuánto hace que me quieres tú? —pregunté mirándola de soslayo sin parar de caminar.

Me miró sorprendida, supongo que estaba acostumbrada a que ese tipo de ocurrencias solo salieran de su boca, yo nunca había mostrado interés por ese tipo de detalles pero para ella todo era importante.

—¿Por qué lo preguntas?

—¿No puedo preguntar?

—Claro que sí, pero ese tipo de preguntas no son habituales en ti cariño.

—Ya, pero me lo has preguntado antes y ahora le daba vueltas, conociéndote estoy segura de que tú sí que sabes cuánto hace que me quieres, así que me gustaría saberlo.

—Tendrás que ganarte esa respuesta—sonrió.

Me detuve en seco y la miré con una enorme sonrisa.

—¿Me chantajeas? ¿Tú a mí? Sabes que no se te dan bien esas cosas Eri… Pero me siento generosa y voy a ceder.

Me coloqué detrás de ella y la abracé por la cintura. Empecé a susurrarle mientras daba mordisquitos en su cuello y en su oreja.

—¿Qué te parece si esta noche te bajo los pantalones y las bragas y te hago gritar con la lengua? ¿Será suficiente para ti?

Se estremeció entre mis brazos.

—Creo que sí—suspiró.

—Ya me lo imaginaba…—susurré en su oído.

—¡Mierda Noe!—se quejó—te he dicho mil veces que no me digas esas cosas cuando no estamos en casa…

La solté y me coloqué delante, de nuevo con mi sonrisa.

—¿Y bien? ¿Cuánto hace que me quieres?

Me miró sonrojada, probablemente por el calor que había sentido al pensar en lo que le había dicho.

—Pues hace más o menos uno dos mil seiscientos cuarenta y cinco días.

—¡Guau! Esa es una cifra muy exacta para ser más o menos, ¿No? Eso es… A ver, déjame que piense… Siete años y tres meses. Es imposible Eri. Has contado mal.

—¿A sí? ¿Por qué piensas que he contado mal?

—Porque suponiendo que me empezaras a querer el primer día que me conociste, eso fue hace siete años y dos meses, te sobran treinta días…

—¡Lo sabía! —contestó dándome un achuchón.

—¿Sabías el qué? —pregunté intrigada.

—Sabía que te acordabas de la fecha en la que nos conocimos…

—¿Era una trampa? ¿Me has hecho contar solo para saber si me acordaba?

—Sí, quería confirmarlo.

—Sabes que soy muy mala con esas cosas Eri, pero jamás se me olvidaría el día más importante de mi vida, que no se te olvide a ti eso—la señalé con el dedo índice.

Dedicamos un rato a abrazarnos y besarnos en medio del camino, y tras nuestros arrumacos observé a mi alrededor y me di cuenta de que ya estábamos llegando al lago.

—Mira, es por ahí, ya estamos—dije tirando de ella.

Giramos a la izquierda y de pronto un claro enorme se abrió ante nosotras, había un lago increíble, con aguas cristalinas reflejando las copas de los árboles en su superficie. Había un pequeño embarcadero con algunas barcas a remos y un chiringuito para alquilarlas. En la explanada que había alrededor del lago había bastante gente, sobre todo parejas con sus mantas y sus cestas de picnic para pasar el día allí.

—Vaya, es increíble, es precioso Noe—suspiró.

—Sí que lo es.

Eri y yo buscamos un lugar un poco más alejado para tener algo de intimidad y poder hablar de nuestras cosas con calma, sin que nos salpicaran las conversaciones ajenas. Extendimos nuestra manta y lo preparamos todo como si se tratara de nuestra primera cita, mientras yo sacaba los bocadillos y algunas cosas para picar Eri descorchó una botella de vino y desenvolvió dos copas de cristal que habíamos envuelto entre las servilletas para que no se rompieran, y como no, mi novia sacó algo que yo no me esperaba, un mini altavoz con nuestras canciones favoritas que encendió en un tono muy bajo, lo suficiente para que nosotras pudiéramos escucharlo sin molestar al resto de personas que había en el lago.

Comimos con calma, con mucha tranquilidad, hablábamos sin parar de todos los planes que aun teníamos por cumplir y sobre todo de cómo nos gustaría que fueran nuestras siguientes vacaciones. Solíamos viajar con bastante frecuencia, tres o cuatro veces al año escogíamos alguna ciudad y pasábamos allí el fin de semana, habíamos estado prácticamente en todos los países europeos y Eri decía que nuestro siguiente viaje tenía que ser algo más grande, más largo, no solo de un fin de semana, estaba loca por ir a Nueva York a pasar unas navidades.

—Sabes que allí debe hacer un frío tremendo en esas fechas, ¿No?

—Nos abrigaremos bien.

—Y que habrá mucha nieve, ya sabes lo torpe que eres…

—Me agarraré a ti…

—Y que podemos encontrarnos a Santa Claus en la calle…

—Le pediré un regalo…

Aparté las copas de vino e invité a mi novia a recostarse un poco sobre la manta para acto seguido hacer yo lo mismo y empezar a besarla.

—Nos van a ver cariño…

—Solo te estoy besando Eri, ¿Qué pasa que los demás pueden y yo no? Si no lo hago reventaré de ganas…

—Pues que le den a quien no le guste…

Tras un rato de tonteo y caricias disimuladas volvimos a sentarnos y seguimos con nuestra conversación dejando que pasaran las horas casi sin darnos cuenta.

—¿Sabes que me gustaría hacer si algún día vamos a Nueva York? —preguntó.

—Ir a patinar sobre hielo como en las películas, lo sé, me lo has dicho mil veces Eri—sonreí.

—¿Quieres dejar de mirar el reloj? ¿Qué pasa, es que no estás bien aquí conmigo? —me regañó molesta.

—¿Qué?

—Llevas un buen rato sin dejar de mirar la hora Noe, empiezo a pensar que no estás a gusto aquí, si es así solo tienes que decirlo no pasa nada, podemos irnos si quieres…

—No es eso Eri, venga no te enfades, perdona…

—Y si no es eso, ¿Qué es?

Aún faltaban algunos minutos pero como se estaba enfadando y no quería que nada nos estropeara el día decidí adelantar algunos acontecimientos.

—Miro tanto el reloj porque he alquilado una de esas barcas para que paseemos por el lago Eri, iba a ser una sorpresa, miraba porque no quería que se nos pasara la hora…

Su cara era de completo asombro, creo que también mezclado con algo de culpa.

—¿Cuándo la has alquilado? No te has separado de mí en ningún momento…

—Ayer…

—¿Ayer? Pero si tú no sabías que íbamos a venir, te lo dije ayer…—continuó perpleja.

—Pues eso, cuando te quedaste dormida cogí el portátil y estuve buscando cosas que hacer por aquí, yo también quería sorprenderte… Vi lo de las barcas y contraté una durante una hora, espero que sepas remar…

—Cariño lo siento mucho, no quería joderte la sorpresa, de verdad que no… —dijo mientras sostenía mi cara entre sus manos para después besarme.

—No importa, solo espero que te guste el paseo…

—Claro que sí mi vida, estoy segura de que me encantará, además, creo que es la primera vez que me has sorprendido de verdad, esto sí que no me lo esperaba Noe… Te quiero muchísimo cariño.

Volvió a besarme y esta vez lo hizo con más efusividad, llenándome la boca y los sentidos, consiguió que me estremeciera arrodillada en aquella manta y tuve que contenerme para no tumbarla y hacerle el amor allí mismo, en medio de aquel claro, a la vista de todos.

Parte 3

 

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