DATOS

Nombre o seudónimo: Julián Juan Lacasa

Tu género literario: Romántico, Erótico, Policíaco, Satírico… y algún otro

Edad: 57

Ciudad de origen y país: Sant Cugat del Vallès (Barcelona, Catalunya, España)

ENTREVISTA

¿Tienes alguna nueva novela entre manos?

Varios proyectos. El más claro es una novela con título provisional La Inspectora Camprubí y sus amores, tercera novela en donde aparece Mireia Camprubí, Inspectora de los Mossos d’Esquadra, después de Cuando mi novia aún vivía y Librarse de ella pero con cuidado. Investigará un caso de doble asesinato: una mujer casada y su amante, que además es su yerno, aparecen asesinados, y el sospechoso es el marido de ella. Veremos también la vida amorosa de la Inspectora y sus parientes próximos. Camprubí es una mujer inteligente e inquieta. Me la inspiró la serie policíaca francesa Julie Lescaut, en donde una mujer llegaba a ser Comisaria de Policía. También tiene mucho del Comisario Maigret, el Comisario Montalbano y los personajes de Los Bastardos de Pizzofalcone.

Otro proyecto pendiente será Valentina y Ségolène conocen a Agatha (título provisional), la cuarta novela de la saga Valentina, en plan comedia francesa, que es la historia de una mujer francesa que tras romper con su novio se enamoró de su nueva amiga Ségolène. Tras tres años de feliz relación y ya viviendo juntas, ellas dos conocerán a Agatha, la amiga de Angélique, la novia bisexual del hermano de Valentina, Julien, el cual también es bisexual, al enamorarse del magrebí Mahmoud. Valentina tuvo celos en la segunda novela por culpa de Angélique, ya que se lió con Ségolène años atrás. Pero prefirió no decir nada, como pasa en las películas de Woody Allen, en donde muchos personajes jamás revelan sus secretos personales a sus parejas.

¿Cuáles son tus hábitos a la hora de escribir? ¿Tienes alguna manía en particular?

Lo hago en mis ratos libres y sin hora fija. Si trabajo, sobre todo de Figurante en series y películas, escribo cuando puedo, sea en el ordenador o anotando detalles en el teléfono móvil para que no se olviden. También necesito tranquilidad y concentración. En la cabeza ya tengo el esquema de la novela o alguna escena. Alfred Hitchcock decía que le daba pereza rodar sus películas cuando ya las tenía desarrolladas en la cabeza.

Manías, tengo las de cualquier persona, pero quizá sea manía el pensar en satirizar lo que me rodea, a través de la ironía sutil de mis personajes, sobre todo los femeninos. En Todo acabará bien si fuese bien, Judy Raines, la prota, se burla de su hermana Kathy y de su novio, que siempre se están besando, diciendo “Veros morreándoos es más divertido que la televisión”.  

¿Cuáles son tus referentes?

Grandes clásicos como Fiódor Dostoievski, Charles Dickens y Gustave Flaubert. O más contemporáneos, cuyos nombres para incluirlos aquí necesitaríamos el equivalente de las páginas de una enciclopedia.

Si tuvieses que elegir un solo autor/a, ¿cuál sería?

Dostoievski, por su maestría en mostrar la complejidad del alma humana. De él recuerdo sobre todo Crimen y castigo y Nietochka Nezvánova. El primero por su complejidad en mostrar el Mal y la Culpa, y el segundo por un gran retrato femenino, que por cierto, estaba adelantado a su tiempo, ya que la amistad de la Nietochka todavía niña con su amiga Katia, sobre todo por parte de la segunda, rozaba la relación lésbica, por que Dostoievski describe abrazos y besos nada inocentes. Le hice un homenaje en Una escritora, en donde la escritora lesbiana Zenobia Gálvez escribe una novela sobre el amor entre dos adolescentes rusas del siglo XIX, con más edad y consciencia que Nietochka y Katia.

¿Te consideras escritor de brújula, mapa o híbrido?

 Al oír a las compañeras escritoras hablar de estos términos, no sabría decirlo. Mapa porque tengo el esquema en la cabeza, brújula porque sé a qué dirección deben ir los personajes, o híbrido porque… no sé, yo tengo una concepción a veces anárquica o más rigurosa según el momento al escribir. A veces he encontrado la manera de hacer progresar la historia por algo que de repente se me haya ocurrido. Por ejemplo, para Rehacer sus vidas, encontré el esquema en una película italiana en donde un personaje era taquillero en la ópera: cada capítulo tendría como título el nombre de dos personajes y un subtítulo con el título de un aria operística. Ello hacía progresar las tramas.

¿Qué fue lo primero que escribiste?

Como admiraba a Agatha Christie, cuyas novelas mi madre se leyó casi todas, escribí algunos relatos policíacos. No conservo casi ninguno, pero ahí tuve la base. Esto en la década de 1980. En 1991 escribí mi primera novela larga, Todo acabará bien si fuese bien, un drama romántico con influencias de Woody Allen y la película Buscando a Susan desesperadamente de Susan Seidelman, película que siempre me ha influenciado sobre cómo mis personajes luchan por cambiar de vida a mejor. Ahí ya empecé a fijarme sobre todo en los personajes femeninos, protagonistas de la mayor parte de mi obra, como luchadoras y decididas por lo que quieren y aman.

¿Qué género literario no te atreverías a escribir nunca?

El de Terror, quizá porque no sabría amoldarme del todo a sus normas. Cuando François Truffaut llevó al cine Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, lo hizo a su manera, con sus habituales obsesiones por los libros y el amor complicado per se. Y era un relato de Ciencia-Ficción. Y eso que Truffaut tocó casi todos los géneros cinematográficos, ayudado por su admiración por Alfred Hitchcock. Historias de suspense, puedo tratarlas, lo hice en Cuando mi novia aún vivía y Librarse de ella pero con cuidado, con toques entre Polanski, Hitchcock y sobre todo Patricia Highsmith, gran maestra del relato criminal sin moralismos. Pero Terror, nunca.

¿De dónde salen tus ideas?

De cualquier parte. Puede ser de una película, una serie, un libro, algo que he visto por la calle… Por ejemplo, la idea del doble asesinato de La Inspectora Camprubí y sus amores viene de una canción de Bee Gees, He’s a Liar, sobre un marido celoso que asesinaba a su mujer y a su amante, para luego huir de la Policía, según el magnífico videoclip de la canción.

Y la manera de cómo Valentina conoce a Ségolène, partí de la escena de La vida de Adèle donde una asustada Adèle conoce a Emma en un bar lésbico. Decidí que Valentina no estaría asustada, sino decidida, valiente. Y Ségolène no era la prepotente Emma.

Y que el punto de partida de Valentina para cambiar de orientación sexual me lo dio la serie británica Pure, basada en la novela autobiográfica de Rose Cartwright, con una chica que padece pensamientos intrusivos pornográficos y que tenía en duda su sexualidad, incluso ligando con la redactora de una revista o con sus compañeros de piso. Decidí que Valentina tendría pensamientos de este tipo, pero lésbicos. Incluso con su novio se imaginaba que estaba con otra… Suena surrealista, pero en Pure parecía muy real.

¿Te has enfrentado alguna vez a la temida página en blanco? Y si es así, ¿cómo actúas?

No obsesionarme. Cuando estudié Dibujo Humorístico en la década de 1980, un consejo que daban era: “Un dibujante debe vivir como hombre y no como humorista. La deformación profesional tiene en nosotros consecuencias gravísimas”. Si no se me ocurren ideas, probar con otros proyectos, como hacen mis colegas escritoras, que saben sacar muchos al año, y de gran calidad. Ah, y salir a pasear, conocer gente… relajar la mente para que luego te funcione al escribir.

¿Alguna vez has escrito algo basándote en un hecho real?

Tengo una novela breve, Los Figurantes que figuran, inspirándome en las vivencias que he tenido como extra en series o películas. Recreo algunas como la bronca que Alex de la Iglesia metió a sus ayudantes técnicos cuando en el rodaje de Mi gran noche, en la sexta toma de un plano de una importante escena, los técnicos dejaron apagado un vídeo. Oímos retumbar su voz por todo el plató: “¡Me cago en todos vuestros muertos!” Le faltó poco para no asesinarlos allí mismo y no convertir el rodaje literalmente en una película de Tarantino…

En Una escritora metí algo que me ocurrió con una pequeña editorial. No entendí lo que me pedían y hablé demasiado. Me castigaron con no entrar en esa editorial. Usé esto para cuando Zenobia Gálvez se ofende e insulta a una editorial por que no aprueban su novela sobre las amantes rusas, y Georgina, su novia, lo descubre horrorizada y casi rompe con ella.

Ah, y en mi nueva novela La boda de Natasha hay dos personajes inspirados en mí mismo y en mi compañera, con nuestros nombres en francés: Blanche y Julien. Y también inspirada en su familia. Alguna cosa de nosotros está en esos personajes, y el resto inventado, para que sus parientes no se mosqueen. Por ejemplo, escribí que el padre de Natasha, actor, se enamora de otro actor. En su familia, que yo sepa, todes son heteros…

¿Crees que es importante el feedback con tus lectores?

En buena parte sí. Estoy en Facebook, Instagram y Twitter. No trato de decir chorradas como hacen Pérez Reverte o Sánchez Dragó. Dejo comentarios o fragmentos de algo que escribo, para que haya expectación cuando publique un libro. No sé si lo conseguiré, hay autoras que tienen un público fiel y yo todavía estoy empezando.

¿Escribes sobre tu género favorito o se te da mejor otra cosa?

Todes tenemos nuestro género favorito o donde nos desenvolvemos mejor. Pero Clara Ann Simons, a la que admiro mucho, dijo que viene bien salir de nuestra zona de confort e intentar adaptarnos a otras historias. Es verdad que he entrado en algunas que creía que imposible, y luego entraba bien.    

¿Cuántos libros te sueles leer al año y cuáles son tus hábitos de lectura?

No tengo una cantidad calculada. Desde que tengo Kindle Unlimited puedo leer diez libros a la vez. Sí, no exagero. Hace años podía leer hasta cuatro libros a la vez de los impresos. Jamás confundía los argumentos, tipo ver a un personaje de Dickens tener una tórrida escena de cama con la chica de 50 Sombras de Grey (novela que por cierto nunca he leído ni me transmite el menor interés). Leer cuando tengo ganas, no puedes forzarte a leer, tiene que ser cuando quieras.

¿Hay algo en particular que te gustaría contarles a tus seguidores sobre ti?

Soy un humilde escritor, y trato de serlo, que quiere contar historias. A su manera, cualquier autor/a debe hacerlo. A veces tengo obsesiones en mis relatos, como cualquier autor, como Woody Allen se obsesiona con la Muerte o Ingmar Bergman se obsesionaba con el silencio de Dios. Mi obsesión sería en idealizar a chicas que podrían ser mis novias en la ficción, sobre todo si ligo poco. La prota de Todo acabará bien si fuese bien estaba inspirada en una prima mía, mi amor imposible.

¿Te atreves con un microrrelato? Si es que sí, máximo 30 palabras.

Blanche y Julien cogen una guitarra y tocan a Bob Dylan. Los acordes les atraen y se aman, empezando a salir para siempre y algún día más.

(El final es irónico, otra cosa mía de fábrica)

¿Has escrito a cuatro manos alguna vez? En caso afirmativo, cuéntanos un poco tu experiencia, y si es que no, ¿te lo plantearías si te lo ofrecieran? ¿Con quién te gustaría escribir?

No lo he hecho, y me encantaría. Precisamente tú, Mónica, has trabajado a cuatro manos con Clara Ann Simons y habéis hecho dos novelas negras con ritmo y pasión. A veces me costaba distinguir cuál de las dos había escrito tal o cual escena. Puedo adaptarme, aunque yo siempre parto de unas bases que conozco y domino. Pero me ofrecería sin problemas a un relato a cuatro manos por que se me ocurren muchas ideas, y a la otra persona también.

Lo más curioso es que tengo pensada una próxima novela en donde la escritora Zenobia Gálvez coescribirá una novela con su amiga Joana Fábregas, y en donde cada una dejará ir su imaginación hasta donde nunca espera la otra…

¿Sobre qué autora te gustaría leer una entrevista?

Roma Robles, la escritora de novelas de romance gay. Cuando en mis novelas entraba algún personaje lésbico y quería ser creíble para nunca caer en que las compañeras me dijeran “Perdona, Julián, nosotras no hacemos esto”, me animaba al leer a Roma Robles y sus personajes gays. A ella nunca le dirán “Perdona, Roma, nosotros no hacemos esto”.

Otra sería Clara Ann Simons, cuya obra está plena de romanticismo apasionado y me enseñó la forma de plantear ciertas tramas, pues temía pasarme y no ser creíble.

O Esteban Navarro, expolicía metido a escritor. Leí Un año de prácticas y me gustó su protagonista femenina que no se achanta ante nada, ni ante su inesperado embarazo ni ante que su padre, militar conservador, no encajará muy bien que a ella le gusten las chicas. Una novela que no gustó nada a los policías ultrafachas, por cierto.

¿Último libro que has leído?

Leo ahora a trozos Tokio Blues de Harumi Murakami, con un chico sensible en el Tokio de la década de 1960, y la primera novela de Loli Agüera, Hasta donde el Destino nos lleve (siempre juntas), que con su estilo fresco nos cuenta su vida, digna de un personaje de Dickens, para salvaguardar su amor por su mujer, pleno de obstáculos incluso cuando se casaron, por la pandemia y por las enfermedades que ella padece.

¿Qué significa para ti escribir?

Hacer algo que me gusta y meterme en otras vidas diferentes a la mía.

¿Qué te hizo decidirte a autopublicar?

El que las editoriales tradicionales no querían ninguna mis dos novelas de principiante. Y encima querían que yo pusiera dinero para la publicación. Una editorial ya desaparecida me pedía el 50 % de los gastos de edición, otra me pidió 200 € por lo mismo. No tengo ese dinero. Entonces, en una Figuración en la serie La que se avecina, alguien me habló de publicar en Amazon. Un día busqué y subí allí varios libros. Luego al conocer escritoras en esto, me animé a escribir más, sobre todo durante el confinamiento. En Amazon tengo todos mis libros.

¿Cuáles son para ti las ventajas y los inconvenientes de la autopublicación?

Ventajas que puedes controlar cómo será el libro, nadie te lo manipulará para convertirte en un Stephen King de tercera.

Inconvenientes en que has de luchar solo para que alguien lo lea. Publicidad tú mismo, sin caer en el spam. En la película francesa Dobles vidas hablaban de las nuevas estrategias editoriales. Sobre autopublicación, un personaje escritor decía: “No gano nada”. Pero nunca sabes cuando venderás, porque Elisabet Benavent, la autora de Valeria, empezó autopublicándose y ahora vende cientos de ejemplares de sus novelas y está la serie televisiva.

Si tuvieses la oportunidad de trabajar con una editorial, ¿lo harías? ¿O prefieres seguir por tu cuenta?

Me lo pensaré. Tampoco quiero venderme. Tendría que estar desesperado, pero no tengo problemas en trabajar con una editorial, que además me respete y respete mi obra. Sé que suena utópico, pero…

¿Haces algún tipo de promoción o marketing para tus libros? ¿Qué crees que es lo más efectivo para vender más libros?

No sabría decirlo, todo cambia tan rápido que lo que servía ayer ya no sirve para hoy. O lo que servía el año pasado no sirve para éste. Y encima con las descargas piratas de libros en Internet, que hace que lxs escritorxs tengamos que hacer pluriempleo para comer.

Y, para terminar, defínete como escritor en tres palabras.

Crear otra vida.

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