—Vale va, ¿Qué tengo que hacer? —claudico por fin.

Lúa sonríe y se va a buscar el portátil de mi prima, introduce un lápiz de memoria y abre una carpeta. La observo mientras busca lo que sea que necesita, está concentrada, parece que disfruta, que realmente le gusta y entusiasma su trabajo.

—¿Siempre llevas ese lápiz encima? —pregunto intrigada.

—Casi siempre, cuando la gente se entera de mi trabajo suele pedirme cosas, así que suelo llevarlo por si acaso—contesta distraída.

—¿Cuánto vale una carta de estas? —pregunto por curiosidad mientras ella sigue con lo suyo.

Me mira de soslayo y sonríe de nuevo mientras sigue buscando. Nunca antes me he fijado en lo increíble que es su sonrisa.

—No voy a cobrarte Raquel…—responde en un susurro que casi no oigo.

—Ya, bueno, es por curiosidad—digo encogiéndome de hombros.

—Cobro cien euros por cada una.

Mis ojos se abren mucho y me quedo muda, la verdad es que me parece exagerado, pero lo que más me sorprende es que a pesar de ese precio tan desorbitado para que te den una hoja de papel y te digan algunas cosas, Lúa tiene listas de espera de dos meses, tiene que ser realmente buena, o eso o hay mucha gente tan desesperada con sus problemas que paga lo que haga falta con tal de oír algo que pueda darles esperanza.

—¿Caro no? —dice de nuevo sin mirarme.

—Ummm, bueno, un poco Lúa, no sé, tampoco puedo compararlo con nada.

Ella sonríe de nuevo.

—Pues según tu prima debería cobrar más—dice apartando su mirada del portátil y clavándola en mí.

—¿A sí? —pregunto con sorpresa.

—Sí, dice que lo que hago ayuda a mucha gente, que oriento, que ayudo a encontrar el camino… No sé, a veces creo que es un poco exagerada—dice alzando las cejas.

—¿Y eso es lo que vas a hacer conmigo? ¿Ayudarme a encontrar el camino? —pregunto confundida.

—Yo no pretendo hacer nada Raquel, ni contigo ni con nadie, solo digo lo que veo, es cada uno el que decide cómo clasificar esa información y obrar en consecuencia, si es que quiere hacer algo…

—Es que todo esto me parece un poco absurdo Lúa, no te ofendas, lo que mi prima pretende es que me abra más y empiece a conocer gente, nada más. No quiere que esté sola y piensa que si tú me haces una carta de estas voy a encontrar al amor de mi vida—comento mientras las dos nos reímos.

—Bueno, eso también lo hace conmigo, no te preocupes—confiesa.

—¿A sí? Pero tú sales mucho, bueno eso me dice ella, que no paras quieta y eso… —digo sin pretender meterme en su vida.

—Ya, en realidad sus sermones conmigo son porque algunos chicos me piden citas y yo no acepto, nunca salgo con ninguno y ella cree que tengo miedo, inseguridades y sus cosas de psicóloga—dice haciendo que las dos nos riamos otra vez.

—¿Y tiene razón? ¿Tienes esas cosas?

Ni siquiera sé porque hago esta pregunta, no tengo confianza suficiente con Lúa como para hacerlo, pero por algún motivo me siento cómoda con esta conversación y con ella, aunque siga poniéndome nerviosa.

—No las tengo, no salgo con chicos porque no me gustan Raquel, soy lesbiana—comenta sin más.

Me quedo a cuadros, jamás me hubiera imaginado que lo fuera y me extraña enormemente que mi prima no me lo haya contado.

—¿Y por qué Ana te insiste en salir con chicos si sabe que no te gustan? —pregunto sin entender.

—Porque no lo sabe.

Eso me descoloca todavía más.

—¿No lo sabe? —Pregunto aturdida—pero es tú mejor amiga Lúa. ¿Por qué no se lo dices? ¿No estarás enamorada de ella no?

Empieza a reírse y me da un golpecito en el brazo como si hubiera dicho una locura. Sonrío con ella.

—No, no estoy enamorada de ella. No se lo he dicho porque digamos que no hace mucho tiempo que me di cuenta y ya sabes cómo es ella, empezará a analizarlo todo desde su punto de vista psicológico, me dirá que no pasa nada, que es normal, que me sigue queriendo y todas esas cosas…

—Bueno pero eso no es malo, ¿no?

—No, pero yo no quiero contárselo para que me suelte el rollo Raquel, no tengo ningún trauma, sé que soy lesbiana y me gusta, ahora por fin sé quién soy y me siento a gusto conmigo misma, yo solo quiero contárselo y ya está, no sé… —dice encogiéndose de hombros.

—Pues díselo claro, dile: oye, mira Ana, no salgo con tíos porque no me gustan, me gustan las mujeres y no necesito ningún análisis, no pierdas el tiempo coño…

Lúa me dedica la sonrisa más dulce y sincera que he visto nunca y siento como si de pronto hubiésemos conectado, como si todos los años que hace que nos conocemos no significaran nada y acabásemos de conocernos esta tarde.

—Ya me imagino su cara de sorpresa—dice todavía con esa sonrisa.

—Sí, empezarán a temblarle las manos y se morderá la lengua para no soltarte su opinión profesional…

Es en este momento cuando por primera vez siento que la mirada de Lúa no me molesta, creo que la empiezo a ver de otra manera, que se haya sincerado conmigo con esa naturalidad hace que no me sienta tan vulnerable a su lado, creo que esa mirada penetrante suya es un escudo igual que mi expresión corporal, la ayuda a controlar su espacio, supongo que Lúa y yo nos parecemos más de lo que imaginaba.

—Bueno va, dime tu fecha de nacimiento y la hora—exige.

—¿Y ya está?

—Sí—dice encogiéndose de hombros de nuevo—hemos dicho sencillito, te digo un par de cositas y tu prima se dará por satisfecha.

Le doy los datos que me pide y ella está un rato trasteando el portátil. La miro de reojo, la verdad es que estoy ansiosa por saber lo que va a decirme, sobre todo porque creo que otro de los motivos por los que no quería que Lúa me hiciera la carta es porque pienso que conmigo juega con ventaja, mi prima puede haberle contado muchas cosas sobre mí y ella utilizarlas para hacerme pensar que los astros se lo han dicho.

—Vale, ¿lista? —dice por fin.

Asiento y ella empieza a hablar, comienza a contarme cosas sobre mi pasado, situaciones que yo he vivido y sentimientos que me han atormentado. Me quedo atónita mientras ella habla, todo lo que dice son cosas que jamás le he contado a nadie, ni siquiera a mi prima.

—Y por último también sale que tienes algún problema de tipo sexual… —dice carraspeando.

Arqueo una ceja y se me escapa la risa.

—¿Insinúas que yo también soy lesbiana? —bromeo.

—Yo no he dicho eso, algo sexual puede ser muchas cosas Raquel, gustos raros, falta de sexo, falta de libido… No sé, pero tal vez deberías plantearte porque en lo primero que has pensado ha sido en tu condición sexual…

Sus palabras me aturden y el corazón me da un vuelco, siento como si las miles de dudas que siempre he tenido sobre este tema se hubiesen disipado de golpe. De pronto muchas cosas en mi vida tienen sentido si me planteo que realmente lo que me pasa es que me gustan las mujeres. Todo encaja, toda esa falta de interés por hacer cosas que me lleven a conocer a un hombre, esa desgana y estrés que me provoca pensar en compartir mi vida con uno, el aburrimiento que sentía en el instituto cuando mis amigas solo pensaban en chicos, porque cuando veo una escena de sexo en televisión yo solo miro a la mujer, porque tengo preferencia por las series que tienen una pareja lésbica y mil cosas más de ese tipo. Si ahora me planteo mi vida desde esa perspectiva, la idea de compartirla con alguien sí que me atrae, y mucho, pero siempre y cuando ese alguien sea una mujer.

—Perdona Raquel, no he querido decir eso, yo no soy nadie para pedirte que te plantees tu orientación sexual, no sé qué coño me ha pasado, lo siento mucho—dice al ver que me he quedado pensativa.

—No pasa nada, no te preocupes, solo le daba vueltas a algunas cosas. ¿Entonces ya está? Ese es tu consejo, ¿que piense en mi condición sexual?

—No Raquel, de verdad que lo siento…

—Es broma Lúa, no pasa nada en serio—digo sonriendo—pero cuando mi prima me pregunté a ver qué le digo…

Las dos empezamos a reírnos y Lúa gira un poco más su silla hasta que estamos frente a frente.

—No era eso lo que yo quería decir—insiste otra vez—pero sí que iba a darte un consejo Raquel, como amiga, o como amiga de tu prima, no sé…

El corazón se me dispara con esa frase, de pronto deseo que Lúa sea mi amiga, eso me dará la oportunidad de seguir conociéndola, me está gustando mucho hablar con ella, siento que no tengo que ocultarme en su presencia, que puedo ser yo. Entiendo perfectamente porque no le ha contado a mi prima que es lesbiana, Ana es la mejor persona del mundo, pero tiene ese defecto, siempre intenta encontrar una razón para todo y emite diagnósticos a diestro y siniestro, ese es el motivo por el que yo tampoco suelo contarle nunca como me siento, no quiero que me analice, tan solo necesito que me escuche, nada más. Y eso es lo que siento que puedo tener con Lúa.

—¿Y qué consejo es? —pregunto ansiosa.

—Tengo la sensación de que estás un poco estancada, y no solo por lo que veo aquí, tu prima me ha contado algunas cosas y bueno, creo que necesitas cambiar de hábitos, eso es lo que yo hice en cierta ocasión y me fue muy bien.

—¿A qué te refieres con cambiar de hábitos?

—A tu rutina Raquel, intenta hacer cosas diferentes, ya sé que es difícil pero empieza por las cosas más simples, las que no te cuestan…

Empiezo a reírme y ella se pasa la mano por la cabeza nerviosa.

—Perdona Lúa, no me río de ti, es que sigo sin entender a qué te refieres…

—Lo que digo es que si vas a la panadería siempre por el mismo sitio que lo cambies, elige caminos diferentes para todo, no sigas la misma ruta para ir al trabajo cada día, cambia tus caminos y cambiarás tu mundo Raquel. Lo rutinario es siempre lo mismo, nunca encontrarás personas diferentes si haces siempre las mismas cosas, si hay algo que te guste apúntate a un curso, si no tienes con quién ir al cine ve sola, no sé, haz cosas diferentes…

Me la quedo mirando seria y ella me mantiene la mirada durante unos segundos, después agacha la cabeza y cierra el portátil. Tengo la sensación de que se siente incómoda tras haberme dicho eso, como si sintiera que no tiene derecho a decirme nada.

—Lo haré…

—¿Qué? —pregunta con un hilo de voz.

—Que lo haré Lúa, seguiré tu consejo, pero no para complacer a mi prima, lo haré porque me lo has pedido tú y porque creo que es una buena idea.

***

Ese día me despido de Lúa sin saber que voy a tardar mucho tiempo en volver a verla, casi seis meses. De pronto dejamos de coincidir en casa de mi prima, yo suelo ir a la misma hora de siempre, pero ella no, simplemente deja de aparecer. Al principio no me atrevo a preguntarle a mi prima por ella, no quiero que piense nada raro o que haga más preguntas de la cuenta, pero para mi sorpresa me muero de ganas de ver a Lúa, así que al final lo hago, le pregunto si la sigue viendo o si están enfadadas por algo.

—No, que va, está todo bien entre nosotras, es solo que Lúa ya no se pasa a esta hora por aquí, lo hace más tarde. ¿Por qué lo preguntas? —pregunta interesada.

—Por nada, solo era curiosidad, como antes me la encontraba mucho…

—¿Sabes que hace poco me confesó que es lesbiana? Me quedé muerta… —dice con la mirada clavada en mí.

—Muerta, ¿por qué? No es nada malo…

—Ya lo sé, pero no sé, creo que no lo lleva bien, que está preocupada. Y cuando intento sacar el tema me dice que no quiere hablar—comenta angustiada.

—Tal vez sean paranoias tuyas Ana, Lúa es lesbiana, no está enferma, puede que no quiera hablar del tema porque no necesita hacerlo…

—¿Tú crees?

—Sí, bueno, no la conozco muy bien, pero siempre me ha parecido una tía con las ideas muy claras, si ella no quiere hablar de eso no la agobies, si algún día quiere contarte algo ya lo hará…

 

Tercera parte

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