No puedo evitar pensar que Lúa ha dejado de ir a casa de mi prima a esa hora para evitarme, no se me ocurre otro motivo. Aun así intento no darle vueltas y sigo su consejo, cambio mis rutinas, todas, incluso aquellos recados para los que antes cogía el coche por pura pereza ahora los hago a pie, no voy al trabajo por el mismo camino nunca, me he apuntado a un curso de inglés e incluso empiezo a utilizar el transporte público en algunas ocasiones. Lo cierto es que Lúa tenía razón, poco a poco he ido conociendo gente, la mayoría de ellas en el curso, pero hay otras que las he conocido mientras iba por caminos diferentes, por ejemplo a Nerea, la dueña del quiosco al que elegí ir en lugar del que suelo frecuentar.

He pensado mucho sobre mi condición sexual y de pronto me he levantado esta mañana teniendo claro que sí, que me gustan las mujeres y que ya no voy a perder ni un solo segundo de mi vida escondiéndome o privándome de ser feliz solo por no haber sabido como ubicar mis sentimientos hasta este momento. Decido no contárselo a mi prima, al menos por el momento, bastante tiene ya con que su amiga lo sea como para contarle que yo también. Quiero darle tiempo para que acepte lo de Lúa como algo normal, algo que no tiene que analizar.

***

Esta tarde he salido del trabajo más tarde que de costumbre y no me apetece pasarme por casa de mi prima, no sé porque, pero sigo pensando que Lúa se pasa por allí más tarde para no verme, así que escojo otra ruta diferente y decido irme a casa para evitarle el trago de verme a disgusto. Me detengo un instante al lado de un portal para atender una llamada telefónica y cuando cuelgo la oigo a mis espaldas.

—Hola Raquel—me saluda dulcemente.

El pulso se me acelera en cuanto oigo ese tono de voz que tanto me gusta.

—Lúa… Que sorpresa—contesto con un nudo que se instala en mi estómago.

—Eso mismo digo yo, ¿qué haces por aquí? —pregunta contenta de verme.

—Pues la verdad es que seguía tu consejo, he salido un poco tarde del trabajo y he decidido irme a casa por otro camino. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí?

—Vivo aquí—dice señalando el portal en el que yo me he detenido.

—¿A sí? —pregunto sorprendida.

—Sí—contesta divertida—parece que mi consejo te ha traído hasta mí.

—Eso parece, ¿ibas a casa de mi prima?

—Sí, pero si te apetece me gustaría tomarme un café contigo en mi casa, si quieres claro.

—Sí, me apetece mucho.

No sé porque acepto, creo que en el fondo estoy ofendida con Lúa por haberse distanciado de mí de esta manera, pero a la vez me apetece mucho estar con ella, volver a escucharla, sentirla más cerca. Entramos en su casa y antes de que pueda sentarse lanzo mi pregunta, la verdad es que necesito saber la respuesta y no me quedaré tranquila hasta que me lo diga.

—¿Por qué dejaste de ir a casa de mi prima? ¿Fue por mí?

—No dejé de ir Raquel, es solo que ahora voy un poco más tarde—dice sin darle mayor importancia.

—¿Para no verme a mí? —insisto.

—Raquel…

—Solo quiero saberlo Lúa, no me enfado.

—¿Te importa que lo hablemos luego? Te contestaré, lo prometo. Ahora quiero saber que tal te va—me pide amablemente.

La verdad es que me desconcierta su comportamiento.

—Me va bien, voy haciendo… —contesto con desgana—¿Y tú? ¿Cómo estás?

—Bien también, ya no salgo tanto, me tomo más tiempo para mí, para mis cosas, creo que necesitaba un poco de estabilidad.

—¿No estabas bien? —pregunto sorprendida.

—Sí, pero supongo que no me paraba a pensar en lo que quería, me limitaba a matar las horas haciendo actividades como una posesa para no pensar en ciertas cosas. No es que ahora no haga nada, pero creo que estoy un poco más compensada, ni tanto ni tan poco.

—¿Lo de tan poco lo dices por mí?

—Joder Raquel, no te lo tomes todo como un ataque—dice molesta.

Reconozco que estoy a la defensiva, pero me molesta que no me cuente de una vez porque dejó de ir a casa de mi prima, no es tan difícil.

—Perdona—digo apartando la mirada—¿Puedo preguntarte una cosa?

—Claro, dime.

—¿Has estado con alguna mujer? Ya sé que no es asunto mío, pero dijiste que hacía poco tiempo que te habías dado cuenta y no sé si…

—Sí—me corta.

No tengo muy claro porque le he hecho esta pregunta, no sé si es porque yo no he estado con ninguna y me da miedo no saber si realmente me va a gustar o porque quiero saber si ella está con alguien en este momento. ¿O es por ambas cosas?

—Estuve con una, no duró mucho, ella acababa de salir de una relación y al final acabó volviendo con su ex.

—Lo siento mucho—digo con sinceridad.

—No importa, fue duro en su momento pero ya lo tengo superado.

—¿Y después de ella? —insisto.

Lúa suspira y me mira divertida, como si fuese consciente de que mi interés va mucho más allá de la curiosidad o la preocupación por ella.

—Después tuve un rollito con otra chica, nada serio, acabó y no he vuelto a estar con nadie.

Me quedo sin palabras, tanto preguntar y ahora no sé qué decirle ni por dónde seguir la conversación, empiezo a ponerme nerviosa y a destrozar el envoltorio de las galletas que ella ha sacado.

—¿Tienes dudas no? —pregunta colocando su mano sobre la mía para que me tranquilice.

Pero su gesto no me tranquiliza en absoluto, provoca en mí justo el efecto contrario, mi cuerpo reacciona con el contacto y se altera, siento como un hormigueo me recorre el pecho y me quedo sin aire.

—¿Qué? —pregunto aturdida.

—Sobre lo que hablamos aquel día Raquel, sobre las mujeres—afirma con tranquilidad.

—Ah, no, creo que no tengo dudas, lo tengo bastante claro.

Durante un instante su gesto se contrae, pero cuando ve que la miro extrañada en seguida cambia.

—Entonces me quedo sin opciones contigo, vaya, yo que estaba casi convencida de que lo eras—bromea.

Ahora creo que su respuesta es una broma camuflada, tengo el presentimiento de que en realidad habla en serio, he podido ver la decepción en su cara durante unos segundos. Tal vez un tiempo atrás hubiese mantenido el silencio, al menos hasta estar con alguna chica y comprobar que lo que siento es real, pero ya me he cansado de ocultar mis sentimientos siempre, y deseo que Lúa tenga claro que sí que tiene opciones conmigo, así que se lo aclaro.

—No me has entendido Lúa, lo que tengo claro es que me gustan las mujeres, aquel día me abriste los ojos sin saberlo.

Arquea las cejas, sonríe con sorpresa y retira su mano de inmediato. No entiendo nada, me siento un poco rechazada con ese gesto y a la vez estoy molesta por su comportamiento desde aquel día.

—Es tarde Lúa, me voy a casa, gracias por el café—digo poniéndome en pie.

—No Raquel, no te vayas todavía, sigue hablando conmigo por favor—me suplica.

—¿De qué? Ni siquiera sé porque me has invitado a subir Lúa, tú y yo siempre nos hemos mantenido distantes y aquel día en el bautizo pensé que eso se había acabado, que podíamos ser amigas, no sé… Pero desapareciste—le reprocho.

—Yo no quiero ser tu amiga Raquel—contesta con seguridad—ya tengo amigas, a ti te quiero de otra manera…

—¿De qué manera? —pregunto molesta.

—Ya lo sabes…

—No, no lo sé, no te conozco Lúa, y por lo que veo parece que no tienes mucho interés en que lo haga… —contesto nerviosa.

—No digas eso, siento mucho mi comportamiento y haberme distanciado—contesta poniéndose en pie y colocando su mano en mi tórax para cortarme el paso.

Otra vez me invade el hormigueo, y eso se intensifica cuando noto deseo en su mirada.

—Es decir, que fue por mí, no querías verme—digo tanteándola.

—Claro que quería, pero tú estabas un poco perdida Raquel, me gustas desde hace tiempo, no desde aquel día, sino de mucho antes—me confiesa.

Su declaración me deja inmóvil, nunca he pensado que ella se pudiera sentir atraída por mí, y mucho menos desde hace tanto tiempo.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Pues porque siempre he pensado que te caía mal o algo, nunca diste un paso para conocerme un poco—dice encogiéndose de hombros.

—Tú tampoco—me defiendo.

—Tal vez, pero no porque no quisiera Raquel, tú siempre te mostrabas esquiva, y por otro lado tu prima me decía que pasabas de todo y yo que sé, supongo que no quería complicarme. Pero aquel día en el bautizo cuando hablé contigo noté algo diferente, no eras la persona que yo creía que eras, simplemente estabas detrás de un escudo y aquel día me dejaste derribarlo un poco.

—Y aun así desapareciste.

—Sí, vi tus dudas con tu sexualidad Raquel, lo supiste tú y lo supe yo, pero no quería acercarme a ti hasta que tú misma te aceptaras y supieras realmente lo que querías.

—¿Y cómo coño ibas a saberlo si no te acercabas a mí? —pregunto de mal humor.

—Bueno, pensé que se lo dirías a tu prima y que ella me lo diría a mí, no lo sé, lo siento mucho de verdad.

—Da igual—digo más calmada—supongo que este tiempo me ha venido bien, aunque tengo que reconocer que me jodía mucho no verte en casa de mi prima, no sé porque pero te echaba de menos, aunque no habláramos nunca.

Lúa me sonríe y me derrite.

—Sí, yo también sé lo que es eso, te aseguro que he estado tentada de volver a verte cada día, pero quería que estuvieras segura.

Se acerca un poco más a mí y coloca sus dos manos en mi cintura provocando que mi nerviosismo se dispare y mi pulso se acelere, Lúa me revoluciona por completo cuando me toca.

—No he estado con ninguna mujer Lúa—confieso asustada—yo no sé si…

—Pero sabes besar, ¿no? —me corta sonriente.

Un hormigueo muy intenso me recorre el cuerpo de arriba a abajo tras esa pregunta y las manos comienzan a temblarme.

—Sí, supongo que sí—titubeo.

—Bien. Pues igual deberíamos empezar por ahí y luego ya iremos viendo, ¿vale?

—Vale—contesto contenta.

—Relájate Raquel, solo tienes que dejarte llevar, lo demás sale solo—me susurra en la comisura de los labios.

—¿Y si no lo hago bien? —pregunto temblorosa mientras sus labios rozan los míos.

—Estoy segura de que lo harás…

Noto como su lengua perfila mi labio inferior y un escalofrío agradable recorre mi cuerpo, abro ligeramente la boca y mi lengua sale ansiosa al encuentro de la suya. Me agarro a su cuello y me dejo llevar por sus besos y sus caricias. Esta tarde hemos acabado desnudas en su cama, Lúa me ha hecho el amor de una forma tan intensa que en algunos momentos he pensado que soñaba, le he hecho caso, me he dejado llevar y he hecho todo lo que he sentido que me pedía su cuerpo hasta hacerla estallar de placer en varias ocasiones.

—A ver quién le cuenta esto a tu prima—dice riendo mientras me tiene rodeada con sus brazos.

—Tú eres su mejor amiga, te toca—le digo divertida.

—Yo soy su mejor amiga y tú una listilla, se lo contaremos las dos cuando llegue el momento.

—Me parece justo.

Ese momento llega cinco semanas después, cuando Lúa y yo estamos seguras de que ambas vamos en serio con esto, los ojos de mi prima se abren enormemente cuando se lo contamos.

 

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