Hace unos días encontré este trocito de historia que ni siquiera recordaba haber escrito, no sé si lo hice con la intención de hacer un tercer libro en el cuál el peso de la historia lo tuviera la relación entre las protagonistas o simplemente como un pequeño capítulo que me vino a la mente y decidí escribir. Sea como fuere, ahí estaba, y ya que está escrito… ¿Por qué no compartirlo? Tenía como título “Confesiones”, pero no veo que haya ninguna confesión por aquí, lo que me lleva a pensar que si elegí ese título era porque alguna de ellas iba a confesar algo, ¿El qué? Ni idea. Lo siento. En fin, espero que te guste, si es así, tal vez me decida a colgar pequeñas historias de algunas de mis protagonistas por aquí. ¿Alguna sugerencia?

Un poquito más de Marlo y Megan

 

Habían pasado tres semanas desde que la policía había solicitado los servicios de Marlo y su equipo para ayudar con una investigación de forma paralela a la oficial. Desde que aceptaron el caso hasta que la investigación concluyó de forma satisfactoria habían pasado veintitrés días en los que prácticamente no habían pegado ojo. Marlo había dormido en el despacho en más de una ocasión, no porque así lo deseara, sino porque tenía tanto trabajo que se pasaba las horas delante del ordenador, asistiendo a reuniones con la policía, coordinando a los suyos y ordenando toda la información. Cuando se quería dar cuenta las oficinas ya estaban vacías, no quedaba ni un alma, tan solo ella, su ordenador y varios restos de comida basura junto con los vasos vacíos de café que acumulaba durante el día. Estaba tan agotada que los apenas veinte minutos a pie que la separaban de su cómoda cama se le hacían cuesta arriba, y si a eso le sumaba que si conseguía hacer el esfuerzo de llegar hasta allí Megan no iba a estar a su lado, las pocas fuerzas que le quedaban mermaban por completo hasta caer rendida en el sofá del despacho.

No pasaba un solo día en el que no se arrepintiera de haber aceptado esa colaboración, aquello no solo consumía su tiempo, sino el de todo el equipo, y eso incluía a Megan, esa era la parte que peor llevaba Marlo. A Megan le habían tocado las vigilancias, hacía turnos combinados con Carmen, Mike y Ezequiel mientras Víctor se había quedado al mando de la vigilancia del almacén. En esos veintitrés días tan solo había visto a su novia en tres ocasiones de forma muy fugaz, tan solo el tiempo justo para robarle algún beso y escasas caricias, no había tiempo para más y la jefa no lo soportaba, jamás desde que habían empezado su relación oficialmente habían pasado más de dos días sin sexo y cuando eso ocurría solían compensarlo en los días posteriores. Necesitaba sentirla contra su cuerpo, apretarla, besarla, morderla, oír sus gemidos mezclados con los suyos, estremecerse cuando ella la tocaba, calmarla cuando su asma hacía aparición dificultando todavía más su respiración, esa que le gustaba sentir cerca de su boca, de su cuerpo… Pero no todo consistía en el sexo, también echaba de menos esas miradas de complicidad con su chica, ese no tener que decirle nada y saber que la había comprendido a la primera, hacerla volver a la tierra cuando dejaba aquella mirada profunda y perdida en la nada, esas pequeñas discusiones que como cualquier pareja ya asentada empezaban a tener.

—Me encanta cuando te enfadas Megan, te pones de un sexy que me vuelve loca—solía decirle con media sonrisa.

Pero durante esos días su relación consistía en hablar por teléfono cuando daba la casualidad de que ambas tenían la oportunidad en el mismo momento. Por suerte aquello había acabado, ese día se daba por concluida su colaboración con la policía, Marlo estaba acabando de redactar los últimos informes con la ayuda de Iris mientras esperaban a que el resto del equipo volviera. Esa misma tarde vería por fin a Megan, y no solo la vería, por fin se irían juntas a casa y Marlo pensaba cumplir lo que le había prometido por teléfono la última vez que habían hablado, de eso hacía ya dos interminables días.

—Dichosos los oídos—pronunció Marlo cuando Megan contestó su llamada—¿Qué haces?

—Echarte de menos, eso hago—contestó desanimada.

Marlo sintió un enorme cosquilleo en el estómago al escuchar aquellas palabras.

Megan estaba en la misma situación que su chica, odiando aquel puto trabajo que no le permitía verla, casi no podía ni escuchar su voz cuando era una de las cosas que más la reconfortaba, escucharla la hacía sentir bien, demasiado bien, aunque no tanto como sentir aquellas sacudidas en su interior cuando notaba su cuerpo desnudo junto al de ella, caliente, suave, húmedo y perfecto. Mirarla cuando salía de la ducha y se secaba su larga melena morena en medio de la habitación sin dejar de hablar, a veces Megan ni siquiera la escuchaba, solo miraba aquel cuerpo envuelto en una toalla y el movimiento de sus labios carnosos y rojizos tras la ducha, dejando que aquellas palabras que sonaban de fondo impregnaran toda la habitación como si fueran una melodía.

—Ya falta menos cariño, en un par de días acabamos y podremos volver a la normalidad—afirmó la jefa.

—Eso espero, pareces cansada, ¿Has dormido algo?

—Yo más que cansada diría exhausta, tal vez muerta sea más apropiado

Bastó con eso para arrancarle una sonrisa a Megan.

—¿Necesitas reanimación? Porque en ese caso tal vez pueda ayudarte cuando vuelva.

—Te tomo la palabra—contestó adoptando un tono más socarrón—¿Tú cómo estás?

—Bien, bueno, también cansada… Me paso tantas horas dentro del coche que cuando intento salir casi tengo que tirarme al suelo, creo que no hay una sola articulación que no haga ruido cuando intento moverme.

—Lo siento Megan. Oye, ¿Qué te parece si nos cogemos unos días de relax?

—¿De relax? ¿Tú? ¿Marlo Diclán? ¿La mujer incansable? La eterna trabajadora, la jefa insaciable, la abogada aplastante…

—Vale lo pillo—interrumpió Marlo riendo—pero va en serio, podríamos cogernos tres o cuatro días, dormir veinticuatro horas ininterrumpidas—dijo poniendo los ojos en blanco solo de pensarlo—y después largarnos a algún sitio, sin móviles, ni portátiles, ni nada que tenga que ver con el trabajo. Solas tú y yo, ¿Te apetece?

—Ya te digo. Con las primeras veinticuatro horas ya me has convencido, cuando pille la cama creo que perderé el conocimiento Marlo.

La voz de Megan sonaba tan agotada como la suya.

—Pues no se hable más, ¿Te apetece ir a algún sitio en particular?—preguntó.

A Marlo le valía con quedarse en casa con su chica, encerrada incontables horas en su compañía, hablando, riendo, haciendo el amor en cualquier rincón y a cualquier hora, viendo una peli, bromear, descansar y desconectar del resto del mundo, cualquier cosa le valía mientras fuera con ella. Pero sabía que a Megan le gustaba viajar, así que si ella lo deseaba irían a donde le pidiera.

—¿Te digo la verdad?—dijo mientras suspiraba profundamente.

—Claro, cariño.

—Casi que prefiero quedarme en casa, amotinarme allí contigo y solo abrir la puerta para que nos traigan la comida—dijo recostándose en el asiento del coche—aunque si prefieres que nos vayamos a algún sitio también me parece bien.

Marlo se sintió aliviada al escuchar que a Megan le apetecía lo mismo que a ella.

«Tiene que estar muy cansada para no querer moverse de casa»

—Ah, no, ni hablar, a mí lo del motín me parece un planazo. Tengo que dejarte cariño, tengo una reunión en cinco minutos.

—Jopetas—se quejó arrancándole una carcajada a Marlo.

A veces Megan utilizaba ese tipo de lenguaje infantil para quejarse, se la podía imaginar dentro del coche, mordiéndose los labios y abriendo los ojos como dos platos.

—Te compensaré Megan te lo prometo, no sabes las ganas que tengo de verte, ¿Cuídate vale? Te quiero.

—Y yo a ti.

 

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