Antes de comenzar a leer este relato tenéis que saber que ha sido posible gracias a que una amiga me pidió que lo escribiera, ella fue la que me sugirió que a la prota le pasara algo como lo que vais a leer, así que si os gusta el mérito no es solo mío.

—Esta vez no te escapas Olaya—sonríe ampliamente mi hermana Jennifer.

La miro y suspiro sintiéndome vencida.

—Cierto, es la despedida de soltera de tu hermana, esta vez no puedes negarte—apunta su mejor amiga a la vez que contesta un mensaje en su móvil.

—No me he negado—me defiendo.

—Podrías mostrar un poco de emoción, o fingirla al menos—se queja mi hermana.

—Sabes que odio las despedidas de soltera Jenny, un montón de mujeres borrachas disfrazadas de vete tú a saber, con pollitas en la diadema, haciendo el gilipollas por la calle para acabar babeando por un stripper. ¡Qué emocionante! Como si el derecho a tirarte a más hombres fuera lo único que pierdes con el matrimonio. Pierdes tu espacio, tu independencia, tu derecho a decidir que no quieres hijos sin tener que dar explicaciones ni sentirte cuestionada o señalada como la egoísta que solo piensa en ella… —digo en un arrebato que me deja sin aliento.

—¿Otra vez estáis igual? —me interrumpe Jenny.

Asiento y ella se sienta a mi lado en el sofá después de que su amiga se despida de nosotras y se marche.

—¿Álex te insiste con lo del crío? Creí que ya lo habíais hablado y estaba todo claro—dice preocupada.

—Eso pensé yo también, pero quiere ser padre Jenny, dice que tiene treinta y ocho años y que no quiere tener a su hijo en la cuarentena. No sé qué hacer…

—¿Cómo que no sabes? Dijiste que todavía no querías tener hijos, que no te sentías preparada. Tienes treinta y cuatro años Olaya, eres joven. Tener un hijo no es una decisión que se deba tomar a la ligera ni bajo presión, lo que tienes que hacer es no tenerlos hasta que tú no estés convencida de que realmente los deseas.

A veces me parece increíble que Jenny sea la pequeña de las dos, tampoco nos llevamos mucho, solo dieciséis meses. Pero el hecho de que yo lleve casada cinco años y ella haya estado saltando de flor en flor hasta que conoció a David y por fin sentó la cabeza, hace que yo parezca mucho mayor que ella.

—Ya pero Álex… —susurro con tristeza.

—No hay peros, entiendo su posición perfectamente, pero eso no le da derecho a presionarte Oli, no te dejes convencer si no lo tienes claro—me insiste.

—No es eso Jenny—empiezo a ponerme nerviosa y a dar golpecitos con los dedos en el mando de la tele.

—¿Y qué es? ¿Qué es lo que pasa Olaya? ¿Hay algo que no me hayas contado?

Suspiro y la miro aturdida.

—¡Olaya! —Se alarma— ¿No estarás embarazada ya? —pregunta escandalizada mientras yo siento que me ahogo solo con pensarlo.

—No, joder, no es eso—la tranquilizo.

—¿Y qué coño es? ¿Tengo que tirarte de la lengua siempre? —pregunta de mal humor.

—Álex no me insiste para tenerlo ya, me insiste para que le dé una respuesta.

—¿Una respuesta a qué? —pregunta sin entender.

—Lo que quiere saber es si deseo tener hijos en algún momento, si me veo siendo madre.

Jenny no me dice nada, solo arquea las cejas y me coge de la mano sabiendo que estoy a punto de saltar al vacío y desmoronarme.

—No quiero tener hijos Jenny—confieso—ni ahora ni más adelante, no me veo ejerciendo de madre, no siento ese instinto, no lo he sentido nunca. Yo no puedo darle a Álex lo que quiere.

—Entiendo—dice mirándome con los ojos muy abiertos y algo aturdida—temes que tu matrimonio se vaya a la mierda cuando se lo digas, crees que te dejará.

—No temo Jenny, y eso es lo que más miedo me da. Desde que fui realmente consciente de mi decisión y pensé en las consecuencias que podía tener con Álex no me importó. No me mal interpretes, le quiero, pero él y yo queremos cosas diferentes y cuanto antes acabemos con esta farsa mejor para ambos.

—¿Me estás diciendo que te vas a divorciar? —pregunta alarmada.

—Creo que es lo mejor, sí—digo convencida.

Primero me mira con gesto contrariado, pero al momento le entra un ataque de risa y comienza a retorcerse mientras se golpea las rodillas con las palmas de las manos, suele pasarle cuando no entiende ciertas cosas.

—No me lo puedo creer—dice por fin—papá y mamá llevan media vida esperando a tenernos colocadas a las dos, y ahora que me caso yo te separas tú—murmura entre risas.

Me contagia, todo es surreal y absurdo, pero siento que es lo que necesito hacer.

—¿Cuándo se lo vas a decir a Álex?

—Esperaré a que pase vuestra boda, es vuestro momento y no quiero quitarte protagonismo con mi escándalo—me río por no llorar—además a Álex le hace mucha ilusión la boda, él sí que está como loco con la despedida de David, es el organizador, así que vamos a dejar las cosas como están por ahora.

—Bueno, todavía falta un mes para la boda, tienes tiempo para pensar, tal vez cambies de opinión, respecto al divorcio me refiero. Quizá cuando se lo cuentes a Álex lo acepte, él te adora por encima de todas las cosas Oli. Por cierto, podrías seguir su ejemplo e intentar pasártelo bien en la despedida, sé que las odias, pero no puedo hacerla sin mi hermana.

—Las odio todas Jenny, menos esta, en la tuya te prometo que iré con el chip cambiado y dispuesta a disfrutar hasta el último minuto—digo besando su mejilla.

—Eso espero, así que cambia esa cara, solo es un día.

Sonrío agotada.

—¿Un día? Ojalá fuese solo un día—me quejo—este sábado es tu despedida, dentro de dos semanas la cena de empresa de Álex, y no puedo decir que no voy porque todo el mundo va con su pareja y estaría muy feo que no lo acompañara. Y una semana después tu boda… Si sobrevivo a este mes será un milagro hermanita.

—Bueno visto así y teniendo en cuenta que odias las celebraciones, pues tienes razón, después de este mes ya no habrá quien te pare Oli—dice sonriente.

Salgo de casa de mi hermana habiéndome quitado un peso enorme de encima, no solo porque necesitaba contarle a alguien que me quiero divorciar de mi marido, sino porque ella me ha apoyado sin juzgarme, y teniendo en cuenta la que se me viene encima, saber que la tengo de mi lado me da más firmeza y convicción para seguir adelante con la decisión que he tomado. Tengo muy claro que mis padres no se lo van a tomar como Jenny, ni los padres de Álex, a quienes por cierto adoro. Este divorcio me va a costar mucho más que perderlo a él, muchas personas de su entorno con quienes me llevo muy bien me van a señalar con el dedo acusador y por lo tanto, me apartarán de sus vidas. Cuento con todo eso, ya lo tengo asumido.

***

He de reconocer que aunque no tenía ningunas ganas de venir a la despedida, me lo he empezado a pasar bien desde el momento en el que me he subido al minibús que nos ha recogido. La poca diferencia de edad entre mi hermana y yo, hace que desde siempre nos hayamos movido en los mismos círculos y tengamos las mismas amistades, así que para mí las únicas desconocidas son un par de compañeras de trabajo de Jenny, a las demás las conozco a todas y enseguida me dejo envolver por los buenos recuerdos que me trae el grupo unido. Antes de que cada una fuera haciendo su vida nos lo habíamos pasado en grande siempre, y esta noche no solo es una despedida de soltera, es como una reunión de viejas amigas con ganas de pasárselo bien.

El bus nos deja en un parque cercano al restaurante, y desde allí hasta la puerta mi hermana tiene que someterse a todo tipo de pruebas, pruebas ridículas y bochornosas para ella y terriblemente divertidas para nosotras. No me equivoqué con lo de las pollitas, a Jenny la han disfrazado de pirata sexy y las demás, lo único que llevamos a parte de una bandolera, es un silbato con forma de pene, asqueroso, pero bueno…

La cena es lo típico, muchas risas, muchas anécdotas y como no, de postre un stripper. No tengo nada en contra, pero a mí eso de que un tío desnudo me restriegue su miembro o su culo y que me sobe, como que no. Me río mucho viendo los apuros que pasa mi hermana o como otras de las asistentes disfrutan metiéndole mano al chico, que todo hay que decirlo, es muy guapo. El chico empieza un recorrido por la mesa en el que va haciéndole algo a cada una de las chicas, antes de que llegue a mí le hago un gesto para dejarle claro que a mí tiene que pasarme de largo, Laura, una amiga del instituto, es la única que se suma a mi causa.

—¿Qué tal lo estás pasando hermana? ¿Te veo animada o me lo parece a mí? —me pregunta Jenny con las mejillas encendidas.

Jenny ha aprovechado que la chica que está a mí lado se ha ido al baño y se ha sentado conmigo mientas tomamos unas copas antes de marcharnos del restaurante.

—Me lo estoy pasando de miedo Jenny, puede que me apunte a más salidas como esta—bromeo divertida y obviamente bajo el efecto de melancolía que te provoca la primera copa.

—Eso no te lo crees ni tú, lo dices ahora porque estás contentilla—dice haciendo chocar su copa contra la mía—pero mañana con la resaca no pensarás lo mismo—sonríe.

—Cierto, pero lo que cuenta es el ahora, y me lo estoy pasando muy bien Jenny, me alegro de haber venido—digo con sinceridad.

—Y yo de que lo estés disfrutando.

—Venga chicas acabaros eso que nos vamos—nos interrumpe su compañera de trabajo y ayudante de la organizadora de la despedida.

—¿Adónde vamos? —pregunta Jenny expectante.

—A un bar de ambiente.

—Ummm, que interesante—bromea mi hermana.

—¿Un bar de ambiente? —pregunto sorprendida.

—Sí, bueno es un pub, tiene pista de baile, mesas por si queremos charlar, he estado un par de veces y está muy bien. Es noche de chicas Olaya, queremos pasarlo bien entre nosotras y no queremos que haya moscones revoloteando. Así que hemos decidido ir a un bar de ambiente, tomaremos unas copas y bailaremos como locas.

—No habrá moscones pero habrá mosconas, ¿no?, bueno no sé, nunca he estado pero vamos…

—Somos una despedida de soltera, es obvio que estamos de fiesta y nada más, no creo que nos molesten Oli—me interrumpe Jenny—y bueno, si lo hacen tal vez a más de una le guste.

Nos reímos las tres mirando a Laura, una amiga de la que siempre hemos sospechado que es lesbiana y que no se atreve a salir del armario. Tras la cena muchas de las presentes se retiran, la mayoría ya tienen niños pequeños que a primera hora de la mañana reclamarán sus atenciones y no quieren estar muertas con la resaca. Así que de todo el grupo inicial al final nos vamos siete a ese pub.

La compañera de mi hermana tiene razón, el pub es tal y como lo ha descrito o incluso mejor. Está bastante lleno cuando entramos, y después de pedir las consumiciones nos vamos todas a la pista a bailar. Jenny se ha equivocado en su pronóstico, que seamos una despedida no evita que algunas chicas se vayan acercando, todas muy majas la verdad, basta con decir no y punto. Es una pena que algunos hombres no entiendan el significado de esas dos letras con la misma facilidad que las mujeres. Algunas hacen bromas aludiendo a lo que nos perdemos, otras se retiran y algunas incluso se unen a nuestra fiesta. Así estamos durante bastante rato, pero me empiezan a doler los pies y me aparto un poco, necesito una pausa, así que me apoyo en una columna y me entretengo observando a mi alrededor.

Una chica en la barra llama mi atención por encima de todas las demás, no es que esté interesada en ninguna, pero esta chica me mira de forma descarada pero sutil, no sé si me explico. No me mira de un modo que me incomode ni parezca obsesivo, simplemente me dedica miradas para que me dé cuenta de que he captado su atención. El caso es que yo tampoco puedo dejar de mirarla a ella, y probablemente yo sí que parezca una loca, porque el alcohol que llevo ingerido me ha hecho perder la vergüenza, y la verdad, no me corto ni un pelo, me apetece seguir mirándola, de hecho me gusta hacerlo.

Aunque parece la malota de turno también transmite otra cosa, no tengo muy claro que es pero me gusta. De pronto comienzo a sentirme un tanto nerviosa, sobre todo al darme cuenta de que cuando no me mira yo deseo que lo haga, me molesta que no esté pendiente de mí al cien por ciento. Decido volver con el grupo y ponerme a bailar de nuevo, intento engañarme a mí misma diciéndome que es para demostrarle que paso de ella, que me dan igual sus atenciones, pero creo que en realidad lo que intento es precisamente lo contrario, quiero llamar su atención. Me muevo al ritmo de la música con las chicas y la voy mirando de soslayo disimuladamente, o eso creo yo…

—¿Te gusta? —pregunta mi hermana que ya lleva un pedo importante.

—¿De qué hablas?

—De la chica de la barra Oli, no dejas de mirarla—dice apoyándose en mí colocando el codo sobre mi hombro con un equilibrio bastante dudoso.

—No es verdad—me defiendo.

—Si tú lo dices… —se da media vuelta y sigue bailando.

Media hora más tarde conseguimos una mesa vacía y decidimos darle descanso a nuestros cuerpos y seguir la fiesta con más tranquilidad. Elijo el lugar que me permita seguir viéndola, no se ha movido de la barra, tiene un brazo apoyado en ella y va alternando su mirada entre todo el pub y yo, hasta que me dedica una sonrisa y mis nervios afloraran de nuevo. Me siento muy halagada, me gusta enormemente que una mujer como ella se fije en mí, aunque supongo que es la típica ligona que las lleva a todas de calle, se ha quitado a unas cuantas chicas de encima en todo este rato.

—¿Por qué no vas a saludarla? —vuelve a la carga mi hermana.

—Sí Olaya, deberías decirle algo, te está desnudando con la mirada—dice otra de nuestras amigas.

—Dejad de decir chorradas por favor…

—A mí una tía como esa me mira así y me levanto y le digo que me folle—suelta Jenny como si nada.

—¡Jennifer! —la regaño mientras todas ríen.

—Jennifer tiene razón—secunda su mejor amiga que está más borracha que ella—yo también me la tiraría.

De pronto esto se ha convertido en un aluvión de mujeres hablando de acostarse con mujeres, y entre todo eso y las risas que nos provocan los comentarios, todas me van soltando tiritos.

—Deberías ir a hablar con ella—dice Nerea.

—No tengo nada que hablar con ella.

Hago ver que me molestan sus comentarios, pero en realidad me satisface mucho ver que se han dado cuenta, que no son imaginaciones mías, esa chica me devora con la mirada.

—Eso es que no te atreves—insiste Nerea.

—Sí que me atrevo, simplemente no quiero.

Empiezan a mosquearme, a mí a picona no me gana nadie y todas lo saben, saben que si siguen chinchando acabaré cediendo para demostrar que no me da miedo y que soy capaz de hacerlo. Eso de no te atreves no va conmigo, y menos si llevo un poco más de alcohol de la cuenta, y en este caso voy sobrada.

—Yo creo que las que no os atrevéis sois vosotras, aquí mucho hablar pero no veo que ninguna se levante.

—Porque te mira a ti Oli—se ríe mi hermana—te propongo una cosa, si vas allí y consigues que te bese te libero de la carga de tener que hablar en la iglesia el día de mi boda.

Parte 2

 

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