Se me abren los ojos como dos platos, casi mato a Jenny el día que me dijo que el cura le había pedido que escogiera a dos personas para leer unos pasajes de la Biblia durante la boda. Nos ha elegido a la prima de su novio y a mí, ¿es que no es suficiente con ser testigo? No soy una persona vergonzosa pero si muy discreta, y subirme allí a leer algo delante de cien personas hace que me maree solo de pensarlo.

—¿Y quién lo hará? —quiero saber.

—Se lo pediré a mamá, lo está deseando—dice encogiéndose de hombros.

Ahora tengo ganas de estrangularla.

—¿Y si lo desea tanto por qué no se lo pediste a ella de un principio?

Todas las chicas de la mesa nos miran divertidas y expectantes, esperando que la conversación se caliente.

—Porque ya sabes la parsimonia que tiene para todo Oli, solo para levantarse y llegar hasta el altar necesitará cinco minutos, y yo odio las misas largas, cuánto antes pasemos al banquete mejor. Bueno qué, ¿hay trato? —pregunta sonriente.

—Lo hay, pero lo del beso me parece excesivo e innecesario, me acercaré y hablaré con ella, nada más.

—Venga ya Oli, solo es un beso—dice Laura de pronto.

Me entran ganas de decirle que me acompañe y me enseñe como hacerlo, porque está claro que ella está en su ambiente y me empieza a mosquear un poco que no nos lo diga, somos amigas desde que tenemos memoria y sabe de sobra que ninguna la vamos a tratar de forma diferente porque le gusten las mujeres, pero bueno, ella sabrá sus motivos.

—Estoy casada, ¿os lo recuerdo? —digo mostrando mi anillo.

Jenny me mira arqueando las cejas. Este sería un buen momento para matarla, en un día normal sé que jamás me animaría a engañar a mi marido aunque sea un beso por una simple apuesta, pero sabiendo lo que sabe no va a cesar en su intento.

—Un pico, nada más. Álex no se enfadará por eso, es solo una apuesta—se ríe mi adorable hermana.

—Muy bien, ya puedes borrarme de la listita de parlanchines para la iglesia—digo señalándola con el dedo.

Me levanto y voy directa a la barra con paso decidido. Aprovecho que la chica que hay a su lado se va y me coloco junto a ella con una sonrisa. En cuanto me enfoca me quedo sin aliento y me pongo muy nerviosa, ahora que la tengo rozando mi brazo no sé qué decirle, toda la seguridad que tenía hasta hace un segundo acaba de desaparecer, y si no sé ni de qué hablarle, ¿cómo coño voy a conseguir que me dé un pico? No me reconozco, está claro que el alcohol me está ayudando, porque en una ocasión normal no solo no estaría haciendo esto, es que ni siquiera hubiera permitido la conversación que ha dado pie a este claro chantaje que me ha hecho la mosquita muerta de mi hermana. La chica responde a mi sonrisa con lo que me parece una sonrisa forzada que me descoloca, lleva mirándonos toda la noche, mirándome a mí, y ahora que me acerco, ¿pasa de mí? Seguro que acabo de engordar su ego un kilo y medio, le ha bastado la mirada para atraerme hacía ella, yo he picado y ahora ya no tiene interés. Pues lo tiene claro, no pienso irme de aquí sin mi beso.

—¿Qué has apostado? —pregunta sorprendiéndome.

—¿Qué? —respondo con el poco aire que me queda y una sensación de culpa y vergüenza enorme.

Me mira sonriente pero no enfadada, parece que se divierte con la situación y está disfrutando del hecho de haberme pillado, de haber descubierto mis cartas y de tener el poder de decidir si gano la apuesta o no. No se me da bien mentir, así que no busco ninguna excusa.

—¿Cómo sabes que he apostado algo?

—Ummm—suspira y se encoge de hombros—llevo rato observándoos.

—Ya, no hace falta que lo jures…

—¿Te ha molestado? —Pregunta con media sonrisa—perdona, no quería incomodaros. De vez en cuando vengo a este bar y me coloco aquí, en este lado de la barra—señala.

De pronto me siento atrapada por sus palabras, su mirada y su pinta de malota no casan para nada con su manera de hablar. Me desconecto de la música y el barullo y solo me centro en lo que ella me cuenta, me apetece mucho saber porque nos miraba tanto.

—Me gusta observar a la gente—confiesa—imagino a que pueden dedicarse o como son sus vidas, el motivo que las ha traído aquí, ver si se lo pasan bien, encontrar a las que se están descubriendo y están muertas de miedo…

Su mirada entre acusadora y divertida hace que se me escape una sonrisa.

—¿Crees que nosotras nos estamos descubriendo? —pregunto intrigada.

—No, está claro que estáis de despedida, solo hay que ver esa cosa que te cuelga del cuello—señala con cierto asco.

—Oh sí, ya ni me acordaba—digo con el mismo asco que ella.

Me quito el silbato y lo tiro al suelo.

—No hace falta que lo tires—sonríe.

—Créeme si te digo que me da tanto asco como a ti, bueno el silbato en sí quiero decir…

—Ya—sonríe con las cejas alzadas.

—¿Entonces solo vienes aquí para observar a la gente? ¿No vienes a ligar? —quiero saber.

Su manera de sonreír cambia y se vuelve más acorde a ella, más picarona y más chulesca. Eso me atrae y me altera bastante el ritmo cardíaco.

—No te equivoques, me gusta observar, imaginar cosas de la gente me ayuda a olvidarme de las mías, pero también me gusta follar—dice cortándome la respiración—la verdad es que follar me gusta mucho… —Afirma enfocándome mientras noto como las piernas me tiemblan y una desconocida excitación crece en mi interior.

Doy un trago a su bebida sin permiso y miro hacia nuestra mesa sofocada.

—Todavía no me has dicho que has apostado—vuelve a insistir.

—Nada, ya no importa, me has descubierto, así que he perdido—me rindo.

—Pero has venido. Llevo rato observándoos como he dicho antes, pero sobretodo te miraba a ti, ya te has dado cuenta—dice achinando los ojos.

—¿Y por qué me mirabas?

—Me pareces atractiva—dice sin más.

No sé qué contestar, me siento muy halagada ante su confesión. Estoy acostumbrada a gustarle a los hombres, y que de pronto una mujer como ella me diga que le parezco atractiva me resulta muy agradable.

—Así que has perdido tu apuesta—dice pensativa—eso me hace descartar que lo que te han pedido que hagas sea venir hasta aquí y hablar conmigo, porque ya lo has hecho y aun así dices que has perdido…

Se acaba de pegar a mí con un aire seductor que me arrasa por dentro, estoy perdida.

—Si me lo cuentas tal vez pueda ayudarte a ganar—me susurra dejando que la punta de su nariz roce mi oreja.

Siento un agradable escalofrío recorrer mi cuerpo, me falta el aire y me quedo sin habla, pensar en la idea de besarla ahora que la tengo delante me hace sentir que con eso no me bastará, he pasado de acercarme con la intención de conseguir un simple beso a desear que su cuerpo se pegue al mío y llene mi boca con su lengua.

—Te noto nerviosa, ¿estás bien? —pregunta socarrona.

No, está claro que no estoy bien, esta chica provoca unas reacciones en mi cuerpo que hasta ahora solo habían provocado los hombres y eso me inquieta, me asusta y me pongo a la defensiva.

—Te estás divirtiendo, ¿verdad? A eso es a lo que en realidad vienes, a buscar un objetivo difícil, te van los retos, ¿no? —Pregunto enfadada—te he visto quitarte de encima a unas cuantas, a ti que te gusta tanto follar. Seguro que ya te has follado a medio bar y te interesan las nuevas, me has observado y provocado hasta conseguir lo que querías, que viniera a ti para engordarte el ego. ¿Cómo va esto? ¿Me calientas, me follas en el baño y después desapareces?

Me mira con los ojos muy abiertos pero con el gesto divertido, tal vez no se esperaba la verborrea que acabo de soltarle, y tengo la sensación de que el hecho de haberle mostrado un poco de mi mal carácter en lugar de asustarla, ha despertado más su interés.

En cuanto he terminado de hablar he agachado la cabeza abochornada por lo que acabo de decirle, he descargado contra ella toda la rabia que me provoca el hecho de desear besarla, pero esa manera de susurrarme al oído me ha mosqueado, ya no sé si lo ha hecho para seducirme o para vengarse de que me haya acercado a ella por una apuesta. En cualquier caso ese gesto me ha puesto mucho y eso me descoloca, estoy acostumbrada a controlar las situaciones y esto me pilla desprevenida.

—Vaya—dice arqueando las cejas—que arranques tienes chica, es muy interesante toda esa teoría que te has inventado sobre mí, sobre todo la de follarte en el baño, esa parte me ha gustado mucho—confiesa sonriente—aunque no te follaría allí, sería demasiado obvio.

Esta vez las cejas las arqueo yo. ¿Está hablando en serio?

—¿A no? —Vacilo siguiéndole el rollo—¿Y dónde me follarías si se puede saber? —pregunto agitada.

—Ahí—dice con seguridad señalando el rincón de la barra.

Se me escapa un suspiro ahogado mezclado con una sonrisa irónica. Eso es lo que ella ha percibido, lo que no ha percibido son las enormes ganas que me han entrado de que cumpla lo que ha dicho y me folle donde ha señalado, me excita mucho la seguridad con la que ha hablado y como ha rozado mi brazo con sus dedos de forma disimulada.

—Ahí—repito incrédula—me follarías ahí delante de todo el mundo, ¿verdad? Eres un poco fanfarrona me parece—digo a la defensiva.

Parece que mostrarme enfadada es la única forma que se me ocurre de disimular lo indefensa que me hace sentir.

—¿Cómo te llamas? —me corta.

—Olaya.

—Olaya—repite con agrado—es un nombre muy bonito, yo me llamo Lara. ¿Cuál era la apuesta Olaya? Cuéntamela por favor—me suplica.

Me tiene totalmente desconcertada, sé que trama algo, y lo que más me cabrea es que me apetece seguirle el juego.

—Tenía que conseguir que me dieras un pico—sonrío recuperando la compostura y mostrándome algo más segura.

—¿Solo eso? —Pregunta decepcionada—sí que apostáis flojo. ¿Me pregunto qué opinará el dueño de ese anillo sobre eso? —pregunta señalando mi anillo de casada.

—Esto no es asunto tuyo—contesto de mal humor.

—Cierto—responde sin más—¿Es importante lo que has perdido con la apuesta?

—Podré sobrevivir—contesto con hastío.

—¿Te gusta apostar?

Suspiro profundamente para intentar relajarme, su tranquilidad y seguridad me están desarmando por completo.

—No es que me guste, pero si me pican voy, no me gusta perder—digo encogiéndome de hombros.

—Te dejo ganar esa apuesta con una condición—dice pegándose más a mí.

Sin que yo sea capaz de reaccionar, coloca una mano en mi cintura y pega su mejilla a la mía haciéndome arder.

—¿Qué condición? —susurro alterada mientras sube su mano a mi cuello, con un dedo acaricia mi oreja derecha y me susurra en la izquierda, voy a deshacerme.

—Te daré ese beso, pero solo si vamos a ese rincón, eso sí, yo no doy picos, a mí me gusta besar de verdad. Con lengua…

Su comentario me acaba de disparar el pulso y me cuesta mucho pensar con claridad.

—¿Y ya está? ¿Esa es la única condición? ¿Que vayamos al rincón? —Pregunto intentando recuperar la calma que me ha robado.

—Sí.

Sonrío arqueando las cejas, voy a ganar la apuesta y además me va a besar bien, como a mí me apetece.

—No sonrías Olaya, ¿sabes lo que va a pasar cuando te bese? —me advierte.

—No—jadeo asustada de pronto.

Me coge de la mano y tira de mí hasta llevarme al rincón. Yo no opongo resistencia alguna ante la implacable Lara, que aparta un taburete y me pega a la pared, dejando parte de mi cuerpo oculto por la esquina de la barra y tapado por el de ella. Nuestra mesa queda a la izquierda, miro para asegurarme de que están atentas y ven el beso mientras Lara sigue con su cuerpo pegado al mío y yo me enciendo cada vez más. Todas me están mirando con una sonrisa y una expectación que indica que saben que aquello se me está escapando de las manos. Mi hermana me mira directamente a los ojos con gesto serio y pronuncia una palabra despacio para que yo pueda leer sus labios: “hazlo”, eso es lo que leo y me estremezco, porque conozco a Jenny, y Jenny no se está refiriendo solo al beso. Dejo de mirarlas y me centro en Lara completamente aturdida.

—Bien Olaya, ¿estás lista? —pregunta intimidante.

Asiento y Lara ladea ligeramente su cabeza mientras su boca se acerca a la mía. Todavía no me ha rozado y la excitación que siento no me deja respirar ni pensar, la mente se me nubla cuando la punta de su lengua roza mis labios para abrirse paso. Sin pensar y muerta de deseo, coloco mi mano detrás de su cabeza para atraerla y atrapo su lengua entre mis labios, jugando con la mía alrededor de la suya. No puedo pensar en otra cosa que no sea seguir besándola, Lara besa jodidamente bien, su lengua lame la mía, sus labios succionan los míos, sus dedos se pierden entre mi pelo y su cuerpo está completamente pegado al mío. Me separo un instante de sus labios sin despegarme un solo milímetro de su cuerpo, necesito respirar, pero mientras lo hago ella sigue dándome besitos en los labios, me roza los labios con la punta de la lengua y después besa la zona. Me tiene completamente hipnotizada, me deja respirar pero no me da tregua para que mi excitación disminuya, me siento completamente aturdida y llena de deseo, nublada, incapaz de razonar.

—Ya has ganado la apuesta—susurra en mi boca.

Asiento sin apartar la vista de sus labios, completamente a su merced.

—¿Sabes lo que va a pasar ahora? —pregunta con una sensualidad arrolladora.

Niego con la cabeza entre sus manos y de nuevo acerca sus labios a mi oreja para susurrar.

—Que voy a hacer que te corras aquí mismo—sentencia.

¿Mi reacción? Emitir un suspiro ahogado y apretar las piernas con fuerza para aplacar el pinchazo de placer que he sentido en mi sexo al escucharla.

—Casi no te voy a tocar Olaya—continúa susurrando—aquí hay poca luz y nadie se dará cuenta, las únicas que sabremos que te estas corriendo seremos tú y yo, porque te aseguro que te vas a correr.

Lara me acaba de poner tan cachonda que ahora mismo me daría igual que nos vieran, me matan las ganas de que cumpla su palabra y me folle.

—¿Cómo piensas hacer eso? —consigo decir.

—Así…

Vuelve a besarme, coloca una mano en mi espalda y la otra en mi culo, tal cual, y haciendo como si bailáramos de forma sensual empieza a frotar su sexo contra el mío. Hace movimientos lentos y prolongados para que la sensación de contacto sea plena, yo la sigo guiada y cegada por mi propio placer, no soy dueña de mis movimientos de cadera ni de mi cuerpo. Me gusta tanto lo que siento que llego a un punto en el que ya no puedo seguir besándola, ella tiene razón, si sigue así me correré aquí mismo. Sus caricias y el hecho de estar rodeadas de tanta gente me han excitado muchísimo, tanto que no me reconozco a mí misma, pero llega un momento en el que de pronto no quiero seguir, para mi sorpresa me doy cuenta de que necesito que me toque, quiero notar sus dedos entre mis piernas, así que me separo de golpe y la cojo de la mano para llevármela al baño.

Durante los pocos segundos que dura el trayecto me siento mezquina y me pregunto que cojones estoy haciendo, pero Lara está pegada a mi espalda y camina con tanta decisión mientras aprieta mi mano que mi conciencia se desvanece y solo hago caso al deseo de mi cuerpo. Todos los baños están ocupados cuando entramos y yo tengo el corazón que se me va a salir por la boca.

—Mierda—me quejo en voz baja.

De nuevo se pega a mí por detrás y coloca sus manos en mi cadera, apretando su pelvis contra mi culo.

—¿Podrás aguantar? —susurra divertida.

Antes de que pueda contestar a esa descarada muestra de hembra Alpha, la puerta de un baño se abre y somos las siguientes. No me creo lo que estoy haciendo, jamás he follado en un baño público, siempre me han dado mucho asco, y este no es que esté muy limpio que digamos, pero aun así pego la espalda a la puerta y me subo la falda desesperada porque Lara me toque. Me mira un instante antes de moverse y hacer algo, me contempla con la falda en la cintura completamente ofrecida y por un instante que dura muy poco me siento sucia, pero se me pasa en cuanto Lara se acerca y me baja las bragas con mano experta, se pega a mí y su mano derecha se posa sobre mi sexo permitiéndome sentir todo su calor. Echo la cabeza hacia atrás y suspiro profundamente cuando comienza a acariciarme y a besarme el cuello. Sus dedos se mueven sabiamente entre mis labios inferiores, noto como resbalan y se deslizan sin dificultad por todo mi sexo. Lara lame mi cuello y sube a mi oreja, la besa, la muerde y se acerca a mi boca para devorarla un momento, me mira e intensifica sus caricias en mi sexo. Cierro las piernas, atrapo su mano y ahogo un gemido intenso. Lara me agarra con su mano libre por la nuca y se recoloca para meter su rodilla entre mis piernas obligándome a abrir un poco y darle mayor libertad de movimiento a su mano de nuevo.

—¿Esto te gusta verdad? —pregunta mientras al menos tres de sus dedos se colocan sobre mi clítoris.

Asiento y otro intenso gemido sale de mi garganta cuando aprieto mi sexo contra su mano. Estoy a punto de correrme, el placer me está devorando desde hace rato, sus dedos trazan círculos y de vez en cuando se deslizan a la entrada de mi vagina para recoger mi humedad y volver al clítoris. Gimo con más intensidad cuando acelera el ritmo y mi cadera comienza a moverse rítmicamente contra sus dedos.

—¿Te vas a correr Olaya? —Susurra en mi oído—¿Te vas a correr para mí?

Que me diga esas guarradas no hace más que intensificar mi excitación y mi placer.

—Sí… —jadeo—me voy a correr…

No consigo decir nada más, me acabo de correr en su mano mientras ella me mira satisfecha. Me agarro con ambas manos a sus hombros para recuperar el aliento y en cuanto lo hago me subo las bragas, me coloco bien la falda como si allí no hubiera pasado nada y empujo a Lara contra la pared. Apoya los hombros divertida y separa el culo de la pared ofreciéndomelo cuando ve que comienzo a desabrochar sus pantalones.

—¿Me vas a follar Olaya? —pregunta mordiéndose el labio.

La fulmino con la mirada. Me muero de ganas de hacerlo pero no soporto esa prepotencia.

—Sí Lara, voy a follarte—afirmo muy segura.

Se pone seria, se baja los pantalones hasta los tobillos y me mira encendida por el deseo. Yo bajo sus bragas y coloco la mano sobre su sexo de la misma forma que lo ha hecho ella en el mío, me siento muy extraña y excitada a la vez, es la primera vez que toco unos labios que no son los míos y me gusta mucho la sensación. Noto su calor y su suavidad, recorro sus pliegues, me lleno de su humedad y de algo muy agradable que me asalta cuando me doy cuenta de que lo que le estoy haciendo le gusta.

—¿Así voy bien? —pregunto perdiéndome entre sus pliegues.

—Ahaa… —contesta con una sonrisa satisfecha.

Utilizo mi otra mano para acariciar sus pechos, no son muy grandes pero también son los primeros que toco que no son los míos. También me gusta, sentir la delicadeza de esa parte de su cuerpo me hace darme cuenta de que follar con una mujer es jodidamente satisfactorio.

—Entra—dice de pronto.

Me bloqueo, de repente no sé cómo debo hacerlo y ella sonríe divertida y excitada a la vez.

—Mete un dedo—jadea.

Lo meto despacio y la miro esperando una reacción.

—Acaríciame por dentro—me suplica.

Ahora comprendo lo que necesita y se lo doy, utilizo ese dedo para acariciarla por dentro de la misma forma que lo hago yo cuando me masturbo, suave pero intenso. Aunque me resulta algo incómodo por la posición, utilizo la otra mano para acariciar su clítoris a la vez que mi dedo se pierde en su interior hasta que Lara se corre con mi dedo dentro y me parece lo más exquisito que he experimentado nunca acariciando otro cuerpo.

Parte 3

 

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