Cuando salimos del baño, nos lavamos las manos como la que acaba de hacer pis y nos vamos directas a la barra, me muero de sed por un lado y de ganas de beber alcohol por el otro para asimilar lo que acabo de hacer. Miro hacia la mesa mientras nos sirven, tres de las chicas ya no están y Jenny me mira con una amplia sonrisa mientras se levanta y se acerca a mí.

—Ya es hora de irse Oli, el minibús estará en la puerta en diez minutos, ¿vienes o te quedas?

Dudo un instante, pero por esta noche ya he cometido demasiadas locuras.

—Ahora voy Jenny.

Asiente con una sonrisa, saluda a Lara con la mano y se vuelve a la mesa.

—¿Ya te vas? —me pregunta.

—Sí—contesto con una extraña sensación de desolación.

—Pues ha sido un placer conocerte Olaya—dice sin más.

Eso me molesta, su pasividad ante lo que acaba de pasar me reconcome.

—¿No quieres que nos demos el número?

No sé muy bien porque digo eso, no lo tenía pensado pero me ha salido así.

—Me encantaría Olaya, de verdad—contesta muy seria—pero a mí eso de ser el segundo plato de alguien no me va. No soy la vía de escape de nadie y mucho menos la de una mujer casada, no te ofendas, me ha encantado follar contigo y si estuvieras soltera te aseguro que te pediría una cita para conocerte mejor, pero no es así y nuestros caminos se separan aquí. Te deseo lo mejor Olaya.

Me besa en los labios y desaparece entre la gente antes de que pueda decir nada. Durante el camino de vuelta a casa nadie me pregunta ni dice nada, todas están demasiado borrachas y cansadas, así que en cuanto entramos en el minibús se quedan fritas. Todas menos yo, que soy incapaz de cerrar los ojos sin que la imagen de Lara y mía en el baño venga a mi cabeza y me turbe la mente. Después pienso en cómo se ha despedido de mí y me siento mal, dejando a un lado que yo no debería haber permitido que pasara esto, soy yo la que debería haber dicho lo que me ha dicho Lara, ella ha sido la sensata.

***

—¡Cuéntamelo todo!

Por poco me da un infarto, Jenny ha saltado sobre mi cama despertándome con esa petición que por un momento me ha dejado descolocada.

—Lárgate Jenny, ¿no tienes casa? —me quejo de mal humor.

—Llevo dos horas mordiéndome las uñas esperando a que te levantes y no aguanto más, son casi las cuatro de la tarde Oli, levántate ya y cuéntame de una vez que pasó en el baño—me exige.

Abro los ojos de golpe y me incorporo moviendo la cabeza como un radar y el corazón latiéndome a mil por hora.

—Tranquila, Álex se ha ido con David, tienen partido de fútbol, ¿no te acuerdas? No, claro, como te vas a acordar si estabas casi en coma—se contesta ella sola.

Me dejo caer de nuevo y suspiro aliviada mientras Jenny me mira con una sonrisa enorme y su particular cara de expectación.

—¿Qué he hecho? —me pregunto a mí misma tapándome la cara con ambas manos.

—No te escondas guarrilla—dice apartando mis manos—eso quiero saber yo, ¿qué has hecho? —pregunta divertida.

La miro y no puedo evitar que se me escape una sonrisa enorme en cuanto pienso en lo que hice.

—¡Madre mía! —Exclama impresionada—¿te la follaste Oli?

—¿Podrías ser un poco menos ordinaria Jenny? —le pido intentando ganar tiempo.

—Déjate de gilipolleces Oli, salvo que te hayas enamorado de ella y ella de ti, cosa que dudo, lo que hicisteis ayer se llama follar. Joder, no me lo creo—dice riendo—menos mal que solo iba a ser un beso—sigue bramando—eres mi ídolo Oli, ¿qué tal es? Follar con una mujer me refiero, dicen que es increíble… ¿Lo hizo bien?

Asiento con insistencia sin borrar la sonrisa de mis labios, por mucho que lo intento no puedo.

—¿Mejor que con un tío? —pregunta curiosa.

—Diferente…

—¿Qué mierda de respuesta es esa? —se queja.

—Tú lo has dicho antes Jenny, follamos, no hubo preliminares ni otro tipo de atenciones, aun así… —me quedo pensativa—joder, aun así tuve un orgasmo que me dejó con las piernas temblando, fue como si ella supiera exactamente lo que debía hacer para matarme de gusto, todo es diferente Jenny, aunque fuera un simple polvo en un baño sus caricias eran infinitamente más suaves y más sabias, todo es más sensual, o igual es porque estaba un poco bebida no lo sé… —susurro con la mirada perdida.

***

Me paso toda la semana sintiéndome mal por no sentirme mal por lo que he hecho, he engañado a mi marido, y además lo he engañado con una mujer, pero no me siento culpable, el hecho de tener decidido de antemano que mi matrimonio debía acabar supongo que me hace sentir libre para hacer lo que me dé la gana, aunque todavía no lo sea. Eso es lo que me hace sentir más mal, Álex es un buen hombre y yo no siento ni un ápice de culpa por haberlo engañado, ¿qué clase de mujer soy yo?

Tengo planeado volver a aquel pub cuando pase todo, necesito volver a ver a Lara, no puedo quitármela de la cabeza y no es solo por lo que hicimos, me gustó mucho su carácter, hubo algo que me sedujo y quiero conocerla un poco mejor, solo eso, quizá ella pueda ayudarme a disipar todas las dudas que ahora tengo por su culpa. Pero todo eso tiene y puede esperar, primero debo resolver mis asuntos personales con Álex, que no me sienta mal por lo que he hecho no significa que no lo respete, este viernes es la cena de su empresa y lo voy a acompañar tal y como le había prometido. Mi delito y mis necesidades tendrán que esperar.

***

Álex ha llegado hace apenas veinte minutos y ya está duchado, arreglado y perfumado.

—¿Estás lista cariño? —Pregunta mientras me doy un último vistazo en el espejo.

—Sí, tardo solo un segundo. ¿Puedo saber porque estás tan emocionado? Solo es una cena, Álex…

—Una cena en la que celebramos algo—me dice contento.

—¿A sí? ¿Qué celebráis?

—¿Recuerdas aquel contrato del que te hablé? —susurra abrazándome desde atrás.

—Ummm, sí, el que os disputabais con otra empresa, ¿no?

—Exacto, hoy nos hemos reunido de nuevo con el cliente, he hecho una presentación alucinante y es nuestro, ya lo hemos firmado.

Me giro entre sus brazos y le beso contenta, lleva meses hablándome de lo importante que es ese proyecto para su empresa y para él, y por fin lo ha conseguido.

—Me alegro muchísimo Álex—digo con sinceridad besándole de nuevo—sabía que lo conseguirías, por algo te pusieron al mando del proyecto.

—Bueno—dice orgulloso—no he sido yo solo, la verdad es que tengo un equipo estupendo.

Mi marido coloca sus manos en mi cadera y me aprieta contra él, noto la dureza de su miembro sobre mi sexo, y aunque por un lado me excito por otro no siento ganas de que lo hagamos ahora. No me apetece.

—Uno rápido—susurra acariciando mis pechos.

—Ahora no Álex, me he tirado una hora para arreglarme, ¿quieres que lleguemos tarde?

Es la primera vez en los siete años que hace que nos conocemos que le pongo una excusa, así que da un suspiro ronco en mi cuello pero asiente conforme y no se queja. Cuando llegamos al hotel ya está casi todo el mundo allí, han reservado toda una sala para nosotros, de modo que cualquiera de las personas que hay aquí tiene algo que ver con la empresa de mi marido.

—Por Dios, ¿cuánta gente sois en tu empresa, Álex? —pregunto alarmada.

Esto parece el banquete de una boda, pese a que está lleno de mesas redondas por doquier generosamente cubiertas de comida y bebida, casi todo el mundo está de pie, saludándose unos a otros, haciendo corrillos y saltando de una persona a otra.

—La verdad es que no lo sé, en los últimos meses hemos contratado a mucha gente—contesta divertido.

Me quedo a su lado, todo esto me abruma y a la única que conozco es a su secretaria, y aunque voy observando no consigo verla, hay demasiada gente. Álex saluda a sus compañeros como un auténtico líder, todos vienen a felicitarle y a estrechar su mano, al parecer mi marido ha hecho un gran trabajo y me siento orgullosa de él. Álex me va presentando a todos y cada uno de sus compañeros y yo me limito a saludar y a sonreír lo justo para parecer educada pero no lo suficiente como para que inicien una conversación conmigo. No es que me caigan mal, seguro que son personas estupendas, pero estas situaciones me agobian y prefiero quedarme en un segundo plano, interacción la justa.

—¿Cuándo nos sentaremos? —Le pregunto cansada—los tacones me están matando.

—Pronto—dice como un autómata mientras sigue saludando a unos y a otros.

Entiendo sus ganas de seguir, todos le felicitan, lo llenan de los mejores halagos y le dedican una sonrisa tras otra, así claro que no quiere sentarse. Tras varios minutos más en los que aguanto el tipo como una jabata, Álex se despide de un hombre mayor y parece que por fin vamos a poner rumbo a nuestra mesa y voy a poder descansar de estos horribles tacones, pero todo se tuerce y el dolor de mis pies pasa a un segundo plano cuando nos giramos, mi marido abre los brazos emocionado para recibir a la chica que se encontraba a nuestras espaldas y dice:

—He aquí la mujer que me ha ayudado a preparar el proyecto y es tan digna de felicitaciones como yo.

Tras esas palabras se abraza a la mujer unos segundos, y con gesto contento deshace el abrazo y se gira hacia mí:

—Cariño, te presento a Lara, el último gran fichaje de la empresa y la mejor diseñadora gráfica que hayas conocido jamás.

Tras eso se aparta y las piernas comienzan a flaquearme cuando Lara se planta ante mí con la mejor de sus sonrisas, y como una auténtica actriz, finge no conocerme y me saluda con dos efusivos besos en las mejillas que me hacen sentir un calor sofocante y abrasador, no sé si por lo bochornoso de la situación o porque de nuevo sus labios han rozado mi piel.

—Es un placer señora Ayala, su marido es un hombre increíble, estoy muy contenta por poder trabajar en su equipo. Si me disculpan tengo que saludar a un amigo.

Ni siquiera consigo responderle o devolverle la sonrisa, Lara desaparece entre la gente y yo estoy paralizada, quieta como un pasmarote, aterrorizada, excitada, cabreada, alterada, sensible y cegada por la sorpresa de encontrarla aquí.

—Cariño, ¿estás bien? —pregunta mi marido haciéndome volver a la realidad.

Una realidad que me ha azotado como un huracán. Tras recomponerme un poco hemos ido a nuestra mesa correspondiente, esa redonda con seis sillas y dos cartelitos que dicen que dos de ellas nos pertenecen a nosotros. Durante un buen rato consigo desconectar, mi marido me cuenta todo lo que implica este nuevo proyecto mientras la gente poco a poco se va sentando en su sitio y yo hago ver que entiendo lo que me dice aunque no sea así.

—¿Cuánto hace que Lara trabaja contigo? —pregunto de pronto.

Mi marido me dedica una mirada incrédula, y tras empequeñecer un poco los ojos contesta:

—Casi seis meses Oli, te he hablado de ella muchas veces, aunque quizá siempre me haya referido a Lara por su apellido, Vázquez.

—Oh sí—me apresuro a decir—es que no me la imaginaba tan guapa—murmuro tras una traición de mi subconsciente.

—No has de preocuparte Oli—dice sonriente—yo te quiero a ti, además Lara es abiertamente lesbiana, puedes estar el doble de tranquila.

Debería estar tranquila pero ahora estoy taquicárdica, creo que esta es la primera vez que me siento culpable desde que me tiré a la ayudante de mi marido, el pobre cree que estoy celosa cuando quien en realidad debería estarlo es él. Un aroma que me resulta conocido me llega desde atrás y cuando me giro veo como Lara pasa y se sienta en nuestra mesa, justo en frente de mí.

La cena transcurre como una película que estoy viendo desde fuera de mi cuerpo, no puedo evitar estar pendiente de Lara en todo momento, ella actúa como si nada, no noto nada en las miradas que de vez en cuando me dedica, tengo la sensación de que le soy indiferente en ocasiones, o ¿es que no se acuerda de mí? Sí, claro que se acuerda. Cuanto más me ignora más necesidad de atención tengo, tras un par de copas de vino estoy algo aturdida y no dejo de recordar todo lo que sucedió en aquel baño y en las irremediables ganas que tengo de repetirlo. ¿Seré lesbiana yo también? ¿Tal vez bisexual? ¿O es solo Lara en cuestión la que me atrae?

Conforme pasan los minutos mi nerviosismo crece, no dejo de taconear con el pie izquierdo y de hacer dobladillos con la servilleta mientras sigo observando a la que en un momento dado fue mi amante. Hace rato que he decidido ir a hablar con ella, solo que estoy esperando impacientemente el momento preciso, la pasividad de Lara me desespera y necesito preguntarle si podemos volver a vernos para charlar, aunque no tengo claro que sea solo charlar lo que quiero.

Por fin ha llegado mi momento, la cena ha terminado hace rato y ahora es ese momento en el que la gente comienza a levantarse y saltar de una mesa a otra con su respectiva copa en la mano, esa que hace que saludes y hagas ver que te emocionas al ver a alguien que ni siquiera te cae bien. En cuanto Álex es asaltado por un par de hombres, miro a Lara y me levanto para ir a sentarme a su lado, pero cuando ve mi intención, clava su intensa mirada en mí y se levanta, eso me descoloca y me paraliza, hasta que comienza a caminar con paso decidido en dirección al servicio. Su actitud me hace dudar, no tengo claro si al ver que me iba a acercar se ha ido para evitarme o si lo ha hecho porque quiere que la siga. Ante la duda elijo la opción que más me interesa y la sigo sin saber muy bien que voy a decirle.

El camino se me hace eterno, el pasillo parece interminable y los tacones me están matando. Cuantos más pasos doy más envidio a Lara, con sus vaqueros, su americana y esas botas planas que seguro que no aprietan ni rozan ningún dedo de sus pies. Cuando por fin veo el cartelito que señala el baño suspiro de alivio, pero me dura poco, Lara me mira un segundo sin dejar de caminar y pasa los baños de largo. ¿Adónde va? ¿Quiere torturarme? La sigo hasta que llegamos a la recepción del hotel y entonces tuerce por otro pasillo donde hay otros baños y se mete dentro. No sé si busca intimidad o simplemente no quiere que la vean hablando conmigo, pero entro tras ella sin saber muy bien lo que va a pasar.

Cuando cruzo la puerta tiene el culo apoyado en el mármol de los lavamanos, los brazos cruzados sobre el pecho y una dura mirada que me escanea y me traspasa hasta el alma.

—Que quede clara una cosa—me dice sin moverse y diría que bastante enfadada—jamás me hubiese liado contigo si hubiera sabido con quién estabas casada.

Está bien, está claro que Lara buscaba intimidad, pero solo para decirme que piensa que soy un monstruo, ahora toca aguantar el tipo.

—De acuerdo—murmuro aturdida y bastante desconcertada.

—Puedo acostarme con una mujer casada, yo no tengo el problema, lo tiene ella, pero la cosa cambia si para mí ese hombre tiene cara, y cambia mucho más si es encima mi jefe—sigue bramando—por no hablar de que el señor Ayala además es un buen tío.

—Sé de sobra que Álex es un buen hombre—la corto enfadada—¿Crees que quiero hacerle daño?

—La otra noche en el baño no pareció importarte—dice acercándose peligrosamente con ese aire de malota que me vuelve loca—y por cómo me has estado mirando durante toda la cena diría que esta noche tampoco te importaría—añade agitada.

La freno con una mano, me está poniendo de muy mal humor.

—No me conoces de nada, Lara, ni se te ocurra juzgarme. Hay cosas que tú no entenderías y que no puedo contarte por ahora. Es cierto que me atraes, te deseo—reconozco.

Noto como su respiración se acelera, incluso su forma de mirarme ha cambiado tras mi confesión, se ha vuelto más lobuna, pero ahora es tarde.

—Tal vez más adelante podamos quedar un día y charlar si te apetece.

Lara me mira aturdida, no sé lo que se le debe estar pasando por la cabeza en este momento, tal vez ahora esté pensando que mi marido me da mala vida o algo así, espero que no. Podría contarle a Lara que es cuestión de poco tiempo que le pida el divorcio a mi marido, pero no la conozco, parece que aprecia a Álex y tal vez le vaya con el cuento, no puedo permitirme que mi marido se entere por otra persona antes que por mí, no lo merece. Desde este momento me toca pensar con la cabeza, auto controlarme y dar por finalizada esta conversación, cuando haya puesto mi vida en orden sé dónde encontrar a Lara y hasta es posible que le pida algo parecido a una cita, espero que acepte, pero por ahora mi encuentro con ella no puede pasar de esta conversación.

FINAL

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