Otra vez lo está haciendo, maldigo los trenes, los viajes largos y no tener dinero para viajar en primera clase. De ese modo no estaría sentada en un bloque de cuatro asientos con una chica enfrente que bailotea con un pie al ritmo de la música que sale por sus auriculares, escondida bajo la capucha de su sudadera mientras mira de forma distraída por la ventana.
Suerte tengo de que al menos en los otros asientos no haya nadie más que pueda perturbar mi paz. Su gesto no me molestaría si no fuese porque estoy intentando leer un libro, y de vez en cuando, la muchacha se viene arriba con su baile y me golpea la pierna con la rodilla haciendo que me distraiga. Le he dedicado un par de miradas capaces de asustar al miedo, pero no se ha inmutado porque ni siquiera me mira.
Tomo aire e intento calmarme, consigo sumergirme en la lectura de nuevo y hacer que todo lo que hay a mi alrededor desaparezca, incluida ella.
El libro está resultando ser una maravilla, una protagonista con una personalidad arrolladora que tras varios meses de dudas y percepciones de que algo en ella está cambiando, finalmente, se da cuenta de que se ha enamorado de su compañera de piso.
“Me siento en el sofá, todavía con el pulso acelerado por mi reciente descubrimiento, me planteo qué hacer, independientemente de lo que siento por ella, Julia se ha convertido también en una buena amiga a la que no me gustaría perder. Echo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos para intentar calmar el torbellino de sensaciones que recorren mi cuerpo de forma descontrolada.
Un hormigueo me encoge el estómago cuando pienso en su sonrisa, cuando recuerdo esa mirada suya de un tono tan oscuro y brillante que me recuerda la mejor de las noches estrelladas.
Los abro decidida, teniendo claro que prefiero el rechazo de Julia, por muy doloroso que sea, a sentir miedo de vivir libremente lo que mi corazón me dicta. Creo que somos dos mujeres adultas capaces de tener una conversación como esta sin que ninguna de las dos salga corriendo, pero si ese es el caso y Julia huye de mí, por lo menos viviré con la tranquilidad de haberlo intentado mientras busco un piso al que trasladarme con urgencia.
Oigo el tintineo de las llaves al otro lado de la puerta y mi corazón explota en mi pecho, jamás me he sentido tan nerviosa, pero a la vez estoy ilusionada, puede que Julia no me corresponda, pero por primera vez en meses, estoy segura de lo que siento y toda esa inquietud que no me dejaba respirar está desapareciendo.
—Hola —saluda con alegría desde la puerta, mientras me dedica esa amplia sonrisa que hace que me tiemblen las piernas.
—Hola —saludo poniéndome en pie de un salto.
Julia se acerca a mí con lentitud y me observa entornando los ojos.
—¿Qué te pasa? Te veo un poco agitada, Lorna, ¿estás bien?
—Perfectamente, aunque tengo que contarte algo —anuncio convencida mientras intento que no se me noten los nervios.
—Vale.
Julia me señala el sofá del que me he levantado hace un segundo y me invita a sentarme. Obedezco y ella se deja caer a mi lado, sentándose sobre su pierna con el cuerpo girado hacia mí.
Su aroma a primavera me inunda las fosas nasales hasta el punto de aturdir cada uno de mis sentidos.
—Ay, por favor, Lorna. Suéltalo ya, que me estás poniendo nerviosa.
De repente noto como toda mi seguridad desaparece ante esa mirada límpida que me observa con expectación. Julia se acomoda y se acerca un poco más a mí dibujando en sus labios media sonrisa que me sacude por dentro.
—Julia, yo…”
De pronto, otro rodillazo me saca de la lectura de forma brusca, joder, con lo interesante que estaba. La enfoco con mirada incendiaria descubriendo con rabia que sigue sin mirarme. ¿De verdad no se da cuenta de que me está golpeando? Su mala educación me crispa de tal modo que me incorporo hacia delante y cierro el libro de forma brusca justo delante de su cara de idiota.
El golpe ha sido tan seco y ensordecedor, que lo ha escuchado por encima de la música y ha dado un tremendo bote en su asiento, haciendo que la capucha de la sudadera caiga de su cabeza mostrándome a la chica más guapa que he visto nunca.
—¡Joder! ¿A ti qué coño te pasa? —grita enfadada mientras se quita los auriculares.
—¿Qué me pasa? Me pasa que eres una maleducada, llevo una hora intentando leer y tú no paras de golpearme con la rodilla, y lo peor de todo es que ni siquiera te molestas en pedirme perdón. No viajas sola, ¿sabes? —respondo claramente enfadada.
La chica me observa con gesto serio e indescifrable al principio, después se relaja y una tímida sonrisa que me enerva aparece en su cara.
—¿Te hace gracia? —pregunto molesta, lo último que me falta es que encima se burle de mí.
—No, claro que no. Te pido disculpas, de verdad que no me he dado cuenta.
Alzo las cejas de forma incrédula, y en lugar de ofenderse ante mi gesto, se levanta y se sienta a mi lado.
—¿Qué haces? No quería molestarte, en serio, a veces me pierdo tanto en las canciones que todo lo que tengo alrededor desaparece.
Su disculpa parece sincera y finalmente asiento aceptando la verdad de sus palabras. Ella se pierde en las canciones del mismo modo que yo lo hago en las historias.
—Está bien, yo también lamento haberte asustado.
—Umm, no sé yo, has cerrado el libro con rabia, está claro que pretendías hacerlo —dice sonriente.
Cuando voy a contestarle la miro a los ojos y me pierdo en la inmensidad de su color azul poniéndome muy nerviosa, ella sonríe levemente, orgullosa y consciente del efecto que ha provocado en mí.
—¿Qué lees? —pregunta sacándome de mi trance.
—Es un libro de relatos —respondo nerviosa.
—¿De qué va el que estás leyendo ahora? —pregunta con curiosidad.
—No creo que te guste… —digo algo incómoda.
—Prueba —dice muy segura.
—Bueno, trata sobre una chica que después de varios meses, se acaba dando cuenta de que se ha enamorado de su compañera de piso —resumo de forma rápida, notando como mis manos sudan y mi pulso se acelera.
—Mmm, pues suena muy bien —afirma mirándome fijamente—, ¿cómo sigue?
—Pues ha decidido confesarle a su compañera lo que siente, y al parecer el sentimiento es mutuo —digo antes de carraspear para aclararme la garganta—, o eso espero.
—Joder, me encantan los finales felices. ¿Se han liado ya?
La naturalidad con la que habla sobre el tema me gusta tanto que lo único que puedo hacer es relajar los nervios y dedicarle una sonrisa cómplice.
—Creo que estaba a punto de llegar a esa parte —respondo notando como me suben los colores.
—¿Te importa si leo contigo?
—No —respondo aturdida.
La chica se pega a mí dejando que su rodilla roce levemente la mía, y lo que antes me molestaba de un modo tan perturbador que me hacía sentir ganas de estrangularla, ahora me gusta. Es increíble como pueden cambiar las cosas en unos pocos segundos.
Abro el libro de nuevo, le señalo el último párrafo en el que me he quedado y las dos comenzamos a leer con interés.
—Julia, yo…
—¿Tú, qué? —pregunta muy seria.
Ahora es su seguridad la que me desconcierta, Julia me mira como si pudiera leer mis pensamientos, haciendo que me ruborice y me falte el aire. Siento como el corazón se me acelera a un ritmo que me asusta y me hace temer que ella se dé cuenta.
La miro y mi respiración se corta, sus ojos, clavados en mis labios entreabiertos de excitación y miedo, hacen que el deseo que siento hacia ella se doble y la humedad aparezca entre mis piernas.
—Tengo que contarte una cosa —acierto a decir aturdida.
—Eso ya me los has dicho antes —afirma rotunda, sin perder un ápice de esa seguridad que me había escondido durante meses.
—No sé cómo empezar, antes de que llegaras lo tenía muy claro en mi cabeza, pero ahora que te tengo delante estoy en blanco.
—Vaya —sonríe alzando una ceja—, esto sí que es nuevo, tú sin saber qué decir…
—Eso parece —susurro atontada.
—Podría ayudarte a sacarlo si quieres.
—No veo de qué manera…
—Bueno, tal y como yo lo veo, lo que deberías hacer es dejarte ya de chorradas y besarme de una vez.
La miro con la boca abierta y el corazón desbocado, buscando por algún lugar ese gesto que me indique que me está tomando el pelo, pero no lo encuentro, quizá sea porque realmente deseo que no sea así.
—¿Hablas en serio? —pregunto con voz ronca.
—Joder, Lorna, ¿de verdad te va a entrar el miedo ahora?
—Esto no es un juego, Julia, siento cosas, cosas muy fuertes hacia ti… —confieso por fin.
—Supongo que deben ser las mismas que siento yo hacia a ti, créeme si te digo que lo último que me apetece es jugar, bastante tiempo hemos perdido ya.
Su confesión me marea, conozco a Lorna lo suficiente como para saber que no miente, que lo que afirma que siente por mí es cierto.
—¿Cómo es posible que no me haya dado cuenta? —pregunto asustada por la intensidad de lo que siento ahora mismo.
Julia se acerca y pega su frente a la mía, provocándome un leve hormigueo sobre la piel que me hace estremecerme. Su aliento roza mis labios cuando me habla y siento que si no la beso pronto, acabaré desfalleciendo.
—Estabas muy ocupada descubriéndote a ti misma, Lorna, debía darte tiempo para que te dieras cuenta tú sola.
Recorro la corta distancia que separa mis labios de los suyos y los sello con un beso que en cuestión de segundos se vuelve apasionado y hambriento. Mi cuerpo tiembla cuando ella coloca sus cálidas manos sobre mis brazos desnudos, su tacto suave e intenso me derrite y me asusta pensar en lo que sentiré cuando me acaricie en lugares más íntimos. La falta de aire hace que nos separemos.
—¿Cómo sabías que yo…? Ya sabes —pregunto intrigada.
—¿Qué estás colada por mí?
—Tampoco hace falta que te regodees —respondo más tranquila, añadiendo una sonrisa a mis palabras.
—Ya lo sé, es que me parece alucinante, tú siempre tan segura de todo, con esa apariencia de mujer que se va a comer el mundo, y cuando descubres que te has enamorado te vuelves vulnerable y frágil, eso me encanta de ti, Lorna, te hace más humana.
—¿Creías que no era humana? —pregunto horrorizada.
—No, claro que no, pero me asustaba pensar que jamás fueses capaz de derribar tus muros para permitirme colarme.
—Siento que pensaras eso, no era mi intención.
—No te disculpes, cada una es como es y se protege como puede.
—No me has contestado, ¿cómo sabías que me gustabas?
—Por favor, Lorna, ¿en serio? —pregunta sorprendida.
—Pues sí, en serio…
—Porque me devorabas con la mirada, tal vez tú no fueses consciente, pero había ocasiones en las que me sentía desnuda a tu lado.
—En ese caso no te avergonzará desnudarte ahora, total, parece que ya te he visto muchas veces —propongo jocosa.
—Umm, parece que has recuperado esa seguridad que tanto me gusta.
—Nunca la he perdido, solo era una prueba para ver si te rendías ante mí, y está claro que ha dado resultado —comento con una sonrisa chulesca, aunque, en el fondo, estoy muerta de miedo.
—Creo que ahora mismo, me gustas más callada —asegura silenciándome con un beso”
El relato acaba justo en el momento en el que el tren anuncia que llegamos a la siguiente parada.
—Qué lástima que haya terminado en la mejor parte —afirma mirándome fijamente.
—Sí —susurro aturdida, con el corazón encabritado y los nervios a flor de piel.
Mirarla me pone muy nerviosa, todavía siento la excitación que el relato me ha despertado y me inquietan mucho las ganas que tengo de besar a mi extraña compañera. De pronto veo que se pone en pie y coge su mochila.
—¿Te vas? —pregunto aterrada ante la idea de no volver a verla.
—Es mi parada.
—Vaya…
—Sí, eso digo yo, vaya.
—¿Qué? —pregunto sin comprender, mientras veo como la estación aparece de forma lenta por la ventanilla.
La chica busca en su bandolera hasta encontrar un boli, después me quita el libro, lo abre por la última página y escribe algo en él antes de devolvérmelo. Me pongo en pie para cogerlo, ni siquiera sé lo que espero de ella, pero de pronto se acerca y me da un pequeño beso en los labios.
—Ahí tienes mi número, chica del tren, llámame —afirma justo antes de bajarse.
Las puertas se cierran y yo parpadeo con incredulidad, todavía necesito varios segundos para procesar lo que ha pasado mientras me vuelvo a sentar sin poder borrar una sonrisa tonta de mis labios.
Las manos me tiemblan cuando abro el libro por la última página para asegurarme de que no ha mentido y lo ha escrito, y descubro sorprendida que se llama Julia, como la protagonista del relato.