PEQUEÑA MOCOSA de Yasmina Soto

 

Patricia

Llevo una semana de locos y mi novio Marcos para colmo, este fin de semana no estará en la ciudad, no me ha quedado otra que anular la reserva que había realizado para una casa rural.

Llevaba demasiado tiempo esperando a que llegara este día para que después me llame el jueves y me diga que no puede ir, que le ha surgido algo de trabajo y que tiene que salir de viaje ese mismo día por la tarde.

¿Qué si me parece extraño? Pues un poco, no lo vamos a negar, pero llevamos juntos siete años, no creo que tire por la borda tantos años de relación por una noche loca, yo al menos no lo haría.

Cuando llego a casa veo que la mocosa que se mudó hace dos semanas sigue con sus fiestas, no son ni las seis de la tarde y ya tiene gente en casa, es la típica cría que sus padres deben tener pasta, y que cansada de ella le han alquilado un piso para sus fiestas, porque es llegar el fin de semana y el horror. Todos los viernes y sábados termino llamando a la policía cuando ya son las tantas de la madrugada y la chica no da tregua entre gritos y música. Compré este ático carísimo porque pensaba que quien se lo pudiera permitir sería alguien con dinero o trabajador sin tiempo para fiestas, pero jamás se me ocurrió este giro inesperado de los acontecimientos, que tuviera de vecina a una mocosa de no más de veintidós años que se dedica hacer fiestas viernes y sábado, por suerte el domingo hay paz y eso se agradece.

Veo que me suena el teléfono y es Marcos.

—Sí.

—Hola cariño, era para decirte que la reunión ha salido bien, creo que puedo cerrar ese contrato que tanto he querido.

—Que bien Marcos—digo contenta—si vienes hoy, mañana podemos ir a esa casa rural y pasar allí lo que queda de fin de semana.

—Patricia, no vuelvo hasta el domingo, es cuando he reservado el vuelo, esta noche tendré cena con mi jefe y mañana hemos quedado para comer con ellos y si todo sale bien cerrar el contrato.

—Vale Marcos, suerte con todos—digo contenta.

—No te enfades cariño, te lo recompensaré, te lo aseguro.

—Eso espero.

—Te quiero preciosa, voy a darme una ducha y a descansar para después ir a la cena.

—Te quiero Marcos.

Esa llamada me ha dejado con una sensación rara, pero será mi humor de esta semana en la oficina que ha sido un no parar de casos y de aguantar a gilipollas, parecía que todos los gilipollas de esta ciudad se habían puesto de acuerdo para venir a joderme los días.

Me meto en la bañera y estoy dispuesta a relajarme cuando siento que la mocosa sube la música más de la cuenta y yo solo puedo ponerme las manos en la cara.

—Ya empieza mi tortura, pero que he hecho yo para merecer a semejante vecina—digo en voz baja, harta de la situación que últimamente pasa cada fin de semana.

Ya no aguanto ni un día más esta mierda. Me pongo la bata y salgo a la terraza esperando que esté en ella, pero no siento a nadie, solo la música más alta de lo que debería, joder debe de estar sorda, porque no es normal que la música esté a ese volumen.

De repente la música deja de sonar y como una cotilla, salgo corriendo hacia la puerta y veo salir gente de su casa, son dos chicas y se están riendo, no sé qué les hará tanta gracia, la verdad.

Bueno, parece que pasaré por fin un fin de semana tranquila y sin que la niña haga escándalo, las cuatro veces que he llamado a la policía deben de haberle servido para dejar sus fiestas, al menos a altas horas de la noche, eso espero.

 

El fin de semana pasa mejor de lo esperado, la mocosa no ha dado molestia alguna, salvo que creo que se lio con alguien en la terraza y terminaron entrando porque dejé de escuchar.

De Marcos sé que al final vendrá el miércoles, según me dijo tuvieron que modificar el contrato y hacer otras gestiones allí.

 

Cuando llego a la oficina Miriam me informa que mi primer cliente ya me está esperando, soy abogada de un gran bufete, tengo compañeros que son grandes personas y otros unos verdaderos cabrones, llevamos de todo, desde laboral, penal, familia, etc. Yo me he especializado más en laboral y me suelo encontrar a menudo con muchos empresarios gilipollas y muy capullos. No dejo este bufete porque me proporciona unos ingresos demasiado altos, pero he tenido que defender lo indefendible y casi vender mis ideales y convicciones por dinero, eso lo aprendí de Marcos, siempre me dice que si quiero algo, el precio no siempre es el justo a pagar. Así que de la chica que estudió derecho e iba a salvar a todos los trabajadores de sus esclavistas jefes, queda poco.

Termino el lunes más vacía que nunca, no sé qué me pasa, entre Marcos que parece que no llega de ese viaje, el trabajo que cada vez me parece más duro ir y la mocosa de la vecina, está claro que necesito unas vacaciones.

Aparco el coche en el garaje y veo que el ascensor está abajo, esperar a veces es una agonía, casualmente veo que entra alguien y le grito que espere, y cuál es mi sorpresa que cuando estoy llegando las puertas se están cerrando y veo una sonrisa en su cara de mocosa.

—¡Niñata, eres una niñata! —le grito muy enfadada.

La mocosa ha entrado y no me ha dejado subir, la he visto salir de un Tesla y mi sospecha de que es la hija rica de algún pez gordo, no hace más que afirmarse por el coche que tiene.

No me queda otra que llamar al ascensor y esperar, al rato subo en él y meto la llave que me lleva al ático, el ascensor no llega hasta arriba si no tienes llaves, cuando compré el ático fue sobre plano y me costó mucho más barato de lo que cuestan ahora, en esa constructora trabaja Marcos, fue ahí donde lo conocí.

Al llegar el ascensor y abrirse la puerta me encuentro a la mocosa de frente con los brazos cruzados. Yo intento ignorarla, pero veo que ella no se va a quedar con las ganas de soltarme lo que me tenga que decir.

—Me llamo Leyre, no niñata—me dice mirándome fijamente a los ojos.

Joder, tiene unos ojos color verde y unos labios carnosos, a ver Patricia, ¿qué haces mirándola?, concéntrate, que es una cría joder. Me reprocho el llegar a sentir deseo por la que ha sido mi pesadilla estas últimas semanas.

—Yo Patricia, y ahora si te apartas de mi puerta y me dejas pasar me haces un favor, que algunas llegamos cansadas del trabajo.

Se aparta, pero se queda pegada a en mi espalda, cuando me giro, se vuelve a cruzar de brazos y me dice:

—Patricia, ¿tú no serás la que te pasas cada fin de semana llamando a la policía? —pregunta con los ojos entornados.

—Sí soy yo—respondo con chulería—si te comportaras como una persona normal y no montaras fiestas hasta las tantas, pues me evitarías tener que perder el tiempo llamar.

Veo que se acerca a mí decidida, mierda no debí decirle nada. Me pone un dedo en el pecho y me dice:

—Realmente pensaba que quien llamaba era el tío soso que tienes por novio, nunca imaginé que fueras tú—me dice esto y cada vez se pega más a mí.

¿Qué me está pasando con esta cría? Noto como mi pulso se acelera y siento unas ganas terribles de que me bese, pero a ver Patricia, tú no eres lesbiana.

Ahora pasa el dedo por mis labios y se pasa su lengua por los suyos, me doy cuenta de que me tiene atrapada entre su cuerpo y la puerta de mi piso que sigue sin abrir, y yo me siento cada vez más excitada a mis casi cuarenta años por una cría que con solo una mirada lasciva y un pasar su dedo por mi cuerpo, ha puesto patas arriba mi mundo perfecto. Saco fuerzas de donde no tengo y le digo:

—Marcos no es soso, y soy yo quien llama a la policía.

Mi respiración cada vez es más agitada y ella se está dando cuenta, maldita mocosa.

—Por cómo te estás poniendo, parece que Marcos aparte de soso, imaginación en la cama tiene bien poca.

Intento apartarla cuando sin darme cuenta ella agarra mi mano, la pega a la pared y me besa, oh joder, que bien besa, cuando ve que sigo con su beso suelta mi mano, me atrae más hacia ella y pasa una de sus manos por debajo de mi blusa. Con un movimiento hábil me desabrocha el sujetador y no sé en qué momento me veo casi con la blusa abierta y ella con sus manos en mis pechos.

—¿Prefieres que la niñata te folle aquí o mejor dentro de tu casa?

Tengo la respiración entrecortada por lo cachonda que me ha puesto, ya casi no puedo ni razonar como una persona adulta. Esta mocosa me está volviendo loca solo con besarme y tocarme los pechos. La aparto e intento poner un poco de cordura a la situación.

—No, no va a pasar nada, es mejor que te vayas a tu casa.

—No estoy tan segura de eso.

Me dice eso metiendo su mano en mi pantalón, cuando la tiene dentro se acerca a mi oído y me dice:

—Creo que tu cuerpo está pidiendo otra cosa. Estás muy mojada Patricia.

No hablo, no soy capaz de decir nada sino de dejarme llevar por ella, mete dos dedos en mi interior, con el pulgar roza mi clítoris y yo me deshago de deseo solo con sentir como se mueve. Busca mi boca y me besa mientras sigue el movimiento de su mano en mi interior. El placer que me está dando es casi doloroso, siento que pierdo fuerza, pero ella se da cuenta y me sujeta con la otra mano a la vez que, yo me sujeto a su hombro.

—Oh joder, sigue.

Es lo que sale de mi garganta junto a jadeos, porque ha intensificado el movimiento de su mano. Siento como llega el orgasmo y exploto de placer, el placer que me da una mocosa en el rellano de la entrada de mi casa.

—Has sentido lo que una niñata fiestera puede hacerte.

No digo nada, estoy intentando recuperarme del orgasmo que me acaba de producir.

La mocosa saca la mano de entre mis pantalones, me da un tierno beso en los labios y veo como se da la vuelta, abre la puerta de su casa y entra.

Cuando logro reponerme de lo que acaba de pasar, entro en mi casa casi con las piernas temblando, me quito la ropa y me meto en la bañera. Estoy tumbada, con la bañera llena de agua y me pongo a pensar en lo que minutos antes ha pasado con Leyre y no puedo negar que me ha gustado demasiado, y que mi excitación desde que me besó fue en aumento, jamás me había pasado eso, yo solo puedo reír de que una niña me haya causado esta sensación y dado el mejor orgasmo que he tenido hasta ahora.

 

La mañana siguiente en mi oficina no paro de pensar en lo que pasó con Leyre en el descansillo de mi puerta y en mi intenso orgasmo. Y solo tengo preguntas. ¿Querrá volver a verme? ¿Si fue así de intenso en un descansillo, como será hacerlo con ella en una cama? ¿Seré yo capaz de provocar lo mismo en Leyre?

Sigo con ese pensamiento y me doy cuenta de que si lo volviera hacer no me sentiría culpable por lo que pasaría con Marcos. Es que casi no he pensado en él, ayer ni lo llame. Él a mí tampoco. Pero claro, tampoco podría llamarlo y decirle, ¿recuerdas a la mocosa que tengo de vecina? Pues me ha dado el mejor orgasmo que he tenido nunca.

Cuando llego a mi casa aparco el coche en el garaje, miro en su plaza de aparcamiento y veo que su coche está aparcado, solo siento el deseo de volver a verla y dejarme hacer, así que voy decidida, subo en el ascensor y toco en su puerta. Ella abre y me mira sorprendida, creo que ve el deseo en mis ojos porque me dice:

—¿Vienes a por más Patricia?

Yo solo puedo asentir con la cabeza. Ella tira de mí, me mete en su piso y cierra la puerta.

 

SEGUIR LEYENDO

 

(Visited 393 times, 1 visits today)