Supongo que hay gestos que no están escritos para ser recordados, pero esos detalles son los que más me llaman la atención.
Estaba leyendo un libro y apareció uno de esos gestos en un personaje que, cuando se ponía nervioso, movía los dedos como si estuviera tocando una guitarra, aunque no tenía ninguna.
No era algo importante porque no explicaba nada ni hacía avanzar la historia, pero formaba parte de la personalidad del protagonista, igual que puede ser una cicatriz, un color de ojos poco común o la forma de vestir, y no hay nada como un personaje bien definido.
Cuando el gesto cambia
Cuando dejé de leer, no podía dejar de pensar en ese detalle, y mientras le daba vueltas a la imagen, esa mano cambió de masculina a femenina, y ya no era una guitarra, era un piano.
Fue ahí cuando apareció Aura Riquer. Ni siquiera tenía una idea concreta, solo podía imaginármela moviendo los dedos como si tocara, un gesto que no podía evitar cuando estaba triste o nerviosa.
La imagen que completó la escena
Necesitaba un motivo para que hiciera ese gesto concreto y no otro, y entonces recordé esos pianos que he visto tantas veces en las estaciones de tren, en medio del gentío esperando a que alguien se siente y lo toque.
Me imaginaba a Aura sentada en uno de esos pianos, tocando de espaldas a la gente, y automáticamente vi a Irina Ramsey, situada a unos metros por detrás de ella, escuchándola mientras sujetaba el asa de su maleta en una mano.
De una imagen a una historia
A partir de ese momento, no fue como en Lengua de fuego. Ahí no escribí nada, pero pensaba en esa escena a todas horas.
Durante un par de días esa escena fue creciendo: decidí quiénes eran, qué relación tenían y por qué esa tensión que no terminaba de explicarse.
Empezaron a encajar cosas de golpe, personajes y sus traumas, el entorno y el conflicto.
Cuando todo encaja
Tres días después, ya no era una escena aislada en una estación, tenía la estructura completa.
Sabía qué tipo de mujer era Irina, por qué perder el control le resultaba inaceptable y cómo eso se iba a notar en cada interacción que tuviera con Aura. Y también sabía que el gesto de Aura no era un detalle bonito: era una forma de canalizar lo que no decía en voz alta, algo que se le escapaba incluso cuando intentaba aparentar que estaba tranquila.
Ahí fue cuando creé la carpeta y preparé la trama.
La estación
Eso fue lo que más me costó decidir, la estación donde Aura tocaba el piano.
Me hubiera resultado más fácil que fuera a clases en algún conservatorio, pero la idea completa vino gracias a esa primera escena donde me la imaginé en una estación, y quería que formara parte del libro.
Como viajera habitual, he visto pianos en varias estaciones de tren, pero al final me decidí por Atocha porque quería ambientarlo en alguna ciudad española.
El libro del gesto
Estaría muy feo que no nombrara el libro donde leí ese gesto que me inspiró para esta historia.
Se titula Las tres muertes de Sarah Colbert, de Arantxa Rufo, y es muy recomendable si os gustan las historias de misterio.
El gesto que inspiró Un café para Irina
Supongo que hay gestos que no están escritos para ser recordados, pero esos detalles son…
Romances de oficina que lo complican todo
Siempre he pensado que hay algo especialmente intenso en los romances que empiezan en el…
La canción que inspiró Lengua de fuego
Como dije hace tiempo, la idea de Lengua de fuego nació de una canción que…