Hace tiempo que quiero compartir algo con vosotras, pero como todo, cada cosa requiere su tiempo y en mi caso sentir la inspiración para hacer las cosas. Ese pequeño empujón que me faltaba me ha llegado gracias al mensaje que una de vosotras me envió hace poco y que podréis leer más abajo.

En el escaso año y medio que ha pasado desde que publiqué mi primer libro me he dado cuenta de varias cosas, pero entre ellas hay una que destaca por encima de todas y es de lo que me gustaría hablar aquí: nuestras historias ayudan.

Os pediría que leyeseis el artículo completo, porque antes de nada quiero hacer inciso en lo que supone para una autora escribir un libro, hablo a título personal, porque cada una tenemos nuestras cosas, nuestro estilo, nuestras pautas, nuestra forma de hacer y un largo etcétera, pero creo que muchas se sentirán identificadas.

Escribir un libro puede parecer fácil, hay quien piensa que si tienes imaginación ya está el problema resuelto, escribes y punto. Pero la cosa no va así, detrás de cada libro hay una inversión de horas que no podéis ni imaginaros, no solo se trata de imaginar una historia y plasmarla a base de teclear. Por mi experiencia os citaré algunos de los muchos factores que rodean la publicación de una novela:

  • Hay que imaginar una historia, y obviamente tiene que tener sentido.
  • Crear personajes y darles una personalidad que atrape al lector, al menos en mi caso me gusta que quien lea se sienta identificada con alguna de las protagonistas.
  • Hay que ponerles nombre, y aunque esto pueda parecer simple no lo es. Ha de ser un nombre que case con el personaje, y a mí esto es una de las cosas que más dolores de cabeza me provoca.
  • Cuadrarlo todo para que no se te escapen detalles que trastoquen la historia. Si pones fechas tienes que tenerlas muy en cuenta para no equivocarte y que luego aparezcan fallos de tiempo. Un ejemplo para que entendáis de lo que hablo: que digas que la historia empezó en 2001 y que la prota tenía veinte años, y que más adelante digas que estás en 2005 y que la prota tiene veintitrés, parece una tontería pero con este tipo de detalles hay que tener mucho cuidado.
  • Investigar mucho. A muchos personajes se les tienen que dar profesiones y por supuesto yo, de la única que entiendo es de la mía, para las demás tengo que buscar información a diestro y siniestro para que parezca lo más real posible.
  • Bloquearte y pasarte días, semanas o meses con la novela parada, esperando que llegue de nuevo la inspiración o ese pequeño detalle que necesitas para poder seguir. Así tengo yo un libro desde diciembre de 2017.
  • Elegir bien las palabras que utilizas para describir ciertas situaciones, lugares, o personas, para evitar que nadie se sienta ofendido.
  • Elegir el título del libro, en algunos libros me ha resultado fácil, pero en otros…
  • Corregir, corregir y corregir. Y cuando digo esto es que cuando vosotras compráis el libro lo leéis una vez, yo lo leo como poco veinte. Una vez acabada la novela no solo se trata de corregir faltas, sino de asegurar que cada párrafo está donde quieres que esté, que esto pasa antes que aquello y no al revés, y otro montón de cosas más.
  • Periodo de enfriamiento: ahí es cuando doy por concluida la novela, cuando todo está como quiero. Entonces cierro el archivo Word y me olvido de ella durante dos o tres meses, pasado ese tiempo la vuelvo a coger, vuelvo a corregir, vuelvo a encontrar cositas que se han de arreglar y además siempre acabo ampliando porque se me ocurren cosas nuevas mientras la leo. Después se la doy a una amiga o a mi novia para que la corrijan y llega otra de las fases más pesadas:
  • La maquetación. Se trata de meter tu libro en un programa y poner los títulos, la letra, los párrafos, las sangrías, y mil cosas más, tal y como quieres que le aparezcan al lector. Son bastantes horas y algo que a mí se me hace muy pesado.
  • La portada: otro drama. En esto me puedo pasar días hasta que por fin encuentro una imagen que me guste para el libro y aun así hay algunas que todavía no me convencen. Y si no eres apañada para diseñar portadas como es mi caso, toca pagar a alguien para que te la haga.
  • Subir el archivo a Kindle y pasar las páginas una a una para comprobar que todo está correcto. En alguna ocasión me he encontrado con que al subirlo, algún enlace a los capítulos no funciona, o algún párrafo se ha juntado demasiado con otro, si esto pasa toca repetir todo el proceso de maquetación.
  • Publicación: lo mejor y lo peor. Lo mejor porque por fin puedes ofrecer tu obra y lo peor porque hasta que no llegan las primeras opiniones no sabes si está gustando o no.

Entre todo esto me he dejado un montón de cosas, pero principalmente el proceso es así. Y os he pegado toda esta parrafada porque ahora podéis pensar que bueno, es un trabajo que ya queda recompensado con el dinero que ganamos con las ventas. Aquí os daré cuatro datos más.

Ya veis los precios que tienen los libros, y obviamente de ahí se tiene que restar la comisión que se lleva Amazon más lo impuestos (siempre hablo de autoras autopublicadas, tema editoriales desconozco como funciona), así que la ganancia que queda por libro es bastante pequeña. Puedo aseguraros que ninguna de nosotras vivimos de esto (al menos la mayoría). En mi caso tengo mi trabajo y lo de los libros es un extra.

¿Me compensa entonces escribir? La respuesta es SÍ. Y es sí porque además de gustarme, muy a menudo recibo mensajes como este:

“¡Hola! – te saluda una más de tus lectores.
Mi única pretensión en este correo es agradecerte enormemente que hayas decido escribir y publicar tus historias. Aunque bueno, quizás eso no es del todo cierto, hay otra razón -quizás más importante- por la que he decidido enviártelo. Esa razón no es otra que pedirte, rogarte incluso, que no ceses de escribir historias, gran o pequeñas, sobre Lai, sobre Eva o sobre cualquier otro personaje que se te ocurra. Yo me he leído las historias sobre Lai y Eva, y créeme si te digo que me han cautivado por completo y dudo que sea la única a la que le haya ocurrido. Escribes estupendamente bien y sería una verdadera pena privarnos de tu talento. Pero si eso no te parece suficiente, te diré algo que espero que te convenza: es admirable -y algo de lo que los autores deberían enorgullecerse- el hecho de que con tu obra estés aportando tu grano de arena en la normalización de la homosexualidad, o cualquier sexualidad que se aleje de la heteronormatividad. ¡Le es tan necesario al mundo!…y espero que motivación suficiente para que se sigas escribiendo este tipo de historias.”

Recibiendo un mensaje así, una se motiva el doble para seguir escribiendo os lo aseguro, pero sobre todo por esta última parte:

“Es admirable -y algo de lo que los autores deberían enorgullecerse- el hecho de que con tu obra estés aportando tu grano de arena en la normalización de la homosexualidad, o cualquier sexualidad que se aleje de la heteronormatividad. ¡Le es tan necesario al mundo!…y espero que motivación suficiente para que se sigas escribiendo este tipo de historias”

Solo por eso ya me merece la pena todo el trabajo anterior, y estoy segura de que cualquier autora estará de acuerdo conmigo.

Nota: este mensaje me lo envió una lectora a la que con su permiso llamaremos Ygritte 🙂

 

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