(1) La trama

 

La idea de la trama surgió gracias a algo que me pasó de verdad. Para quienes ya habéis leído el libro (y quienes no, no pasa nada porque no es spoiler) la historia comienza cuando la protagonista, Alba, es abordada en su trabajo por una policía vestida de calle que le hace unas preguntas.

Pues bien, esto me sucedió de verdad, solo que en mi caso no tuve la suerte de que fuese una inspectora buenorra la que me abordarse, fue un hombre con una cara de mala hostia importante.

Yo estaba en la calle porque acababa de entregarle la documentación a un chófer y de repente un coche que pasaba por delante de la empresa dio un volantazo y se metió hacia lo que es nuestro parking. Se bajó el que ocupaba el asiento del copiloto y se me acercó tan rápido que si llego a ser una delincuente no hubiese tenido tiempo ni de plantearme salir corriendo. Fue como si de repente un fantasma hubiese aparecido ante mí.

El hombre me enseñó la placa (la sacó con la misma rapidez que se había acercado, tanto que casi no la vi) y me preguntó si podía responder unas preguntas que no nombraré. Yo, con mi cara de póker y el cerebro medio congelado porque era pleno invierno y hacia un frío de esos que te dejan más tiesa que una farola, le dije que sí.

Respondí a lo que supe y a lo que no me encogí de hombros. El hombre me dio las gracias cuando terminó, después volvió al coche y se marcharon. Me acuerdo que mientras lo observaba alejarse pensaba en lo peliculera que debía parecer la escena vista desde fuera y la pinta de sospechosa que tenía yo…

Días después me enteré de lo que posiblemente andaban buscando por allí y todo cobró un poco más de sentido, pero en aquel momento me quedé bastante descolocada.

En fin, creo que al pobre hombre no le serví de mucha ayuda por la cara que puso cuando terminó nuestra pequeña y extraña charla, pero a mí aquella situación me hizo pensar lo suficiente como para montar una trama alrededor de aquella anécdota, así que, gracias, señor policía 🙂

 

(2) Este libro por poco no ve la luz

 

Cuando digo por poco, es realmente muy poco. Creo que en otro artículo ya dije que este lo comencé a escribir hace mucho tiempo (cuando sucedió lo del poli) pero llegado a cierto punto del libro me quedé atascada entre dos posibles vías y cuando me surgió una idea para otro simplemente lo abandoné.

Así fueron pasando los meses y otras historias. Cuando terminaba algún libro solía coger lo que tenía de este y leerlo de nuevo para ver si por fin me decidía, pero no había manera y pasaron casi tres años hasta que durante el confinamiento vi la luz y finalicé la historia.

El motivo por el que casi no lo publico fue que había leído la primera mitad del libro tantas veces que creo que en cierto modo se me había atravesado la historia. Pero mi novia no dejaba de preguntar: ¿Cuándo vas a sacar el de la poli? Así que poco después de que saliera Alias Candy decidí publicarlo en plan, ahí lo suelto y que pase desapercibido…

La sorpresa es que precisamente desapercibido no ha pasado, así que desde aquí: ¡muchas gracias por darle una oportunidad a una historia a la que yo no tenía claro si dársela!

 

(3) El edificio de Alba y Lola

 

Aunque en esta historia nunca menciono la ciudad donde sucede todo, el edificio en el que viven Alba y Lola está descrito inspirándome en el apartamento en el que yo vivía cuando comencé a escribir el libro. Incluso la calle, el aparcamiento y los caminos que describo por delante del bloque son reales. (El frío que digo que hacía también, puede que incluso me quede corta en eso…)

No voy a decir el nombre, pero sí que es un pequeño pueblo de la provincia de Barcelona que no tiene más de 2.000 habitantes.

 

(4) Título

 

Junto con decidir como terminar el libro, esto fue otra de las cosas que más dolores de cabeza me dio. No es algo que me suela costar con ningún libro, normalmente los títulos se me ocurren mientras escribo la historia, pero en este caso no había manera y llegué a cambiarlo hasta tres veces hasta que decidí llamarlo “Soy sospechosa”

 

(5) Un pueblo llamado Pidra

 

Este es el único nombre de una población que se da en todo el libro y debo decir que tanto el nombre, como los datos y la descripción son totalmente inventados.

 

Detalle extra:

 

Os voy a decir en qué me inspiré para elegir los nombres de Ruth, Alba y Lola.

El de Ruth sinceramente en nada, es un nombre que me gusta y que me parece de chica dura, así que era perfecto para la inspectora Blanco.

El de Alba, aquí hay que darle las gracias a la señorita Hydra Rosis, porque en aquel momento estaba leyendo Buscando tu aprobado (cuando lo publicaba por capítulos en su blog) y el nombre de Alba me gustó y dije: pues ale.

El de Lola es porque llevaba días preguntándome que nombre le pondría a una perra si tuviese otra y ese fue el elegido. Como al final no tuve otra perra se lo puse al personaje 🙂

 

Espero haberos entretenido un poco. Si os gustan este tipo de curiosidades puede que haga esto mismo con otros libros.

 

 

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